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Responsabilidades de los Cónyuges.

Domingo, 20 de noviembre de 2011 Dejar un comentario Ir a comentarios

Domingo 12 de Julio de 1970

Amados hermanos; la Sabiduría Infinita a través de su Verbo en la Tierra, os ha señalado el sendero, que conduce, hacia la adquisición de la Paz; y la forma, en que cada quien debe hacer la paz consigo mismo, para que esta sea una realidad en los hombres de buena voluntad.

Se os ha enseñado, -cómo debéis vivir, para que la paz se establezca en la faz de la Tierra.

PAZ, -AMOR, -Y BUENA VOLUNTAD, tres factores indispensables que traerían como consecuencia, las buenas relaciones entre los seres humanos de las distintas castas, credos, razas, y en todas las Naciones de la Tierra. Porque siendo la Paz una virtud excelsa, podrá brillar en los hombres, cuando con buena voluntad comencéis a realizarla; porque esta no podrá existir, mientras no existan los pacificadores conscientes. Como tampoco podrá realizarse en vuestro externo, si antes no la hicisteis en vuestro interno.

Nunca podrá establecerse la Paz en una familia, cuyas mentalidades les llevan a vivir, en riñas constantes.

Tampoco podrá establecerse la Paz en las Naciones, ni en ningún pueblo de la Tierra, mientras sus habitantes no la realicen en ellos mismos. Pues siendo esta, una virtud que denuncia a los seres de buena voluntad, denota también, el Amor, que empieza a germinar para el prójimo; y quien siente amor por su hermano, vive y siente el sufrimiento ajeno.

La Paz, no puede realizarse en el individuo cuya voluntad es antagónica, hacia los principios del Amor Universal, los que establecen, que entre la familia humana se reconozcan todos como hermanos. La Paz, impone y exige el respeto mutuo entre los miembros de la sociedad humana, -como respeto absoluto, de los unos a los otros.

La Paz, establece el reconocimiento de la igualdad de derechos, tanto en el hombre como en la mujer; y el hombre que ha hecho la Paz en su interno, ya no verá en la mujer el objeto de su propiedad, a la que ningunos derechos le conceden como no sean, los que la llevan a servir incondicionalmente, en el seno del Hogar.

Amados hermanos, -se hace necesario que vuelva a recordaros el espíritu de la Epístola, escrita, ha 2,000 años, en la que hablaba de las normas para establecer los derechos y la unión entre los cónyuges. Estas cosas debéis tenerlas presentes, porque llegará un día, en que, los miembros de la familia humana, se rijan por los postulados de la Paz, del Amor y de la buena voluntad, -bases sólidas e inextinguibles, indestructibles e inconmovibles ante el tiempo, y por lo mismo, bases firmes, para que la pequeña sociedad constituida en el Hogar, sociedad, formada por un par de seres inteligentes, cuyo objetivo, deben conocer, antes de llegar a la madurez, que les lleva, a sentir la necesidad, de formar su propio Hogar.

¿Cómo debe manifestarse la madurez en los futuros cónyuges? -Amados hermanos: la madurez en los seres inteligentes (futuros cónyuges) debe medirse, por la máxima aceptación a la responsabilidad que tienen que afrontar, esos futuros cónyuges, al unir sus vidas, bajo un objetivo, en el que se constituyen las bases sólidas que deben ser del conocimiento de ambos, siendo esto, en objeto a detener, el fracaso tan grande en que está cayendo día tras día la sociedad humana, a consecuencia de la irresponsabilidad en que viven las mayorías de los seres humanos, los que no han madurado, no obstante que luzcan canas. -Y no han madurado, porque no han querido hacerlo, -ni han querido enfrentarse a la vida, aceptándola en toda la crudeza de la realidad que se impone. Tampoco han madurado, porque les parece “muy difícil” el aceptar los Códigos Universales, los que a cada Ente, le entregan una responsabilidad, exigiendo el cumplimiento de esta.

Vosotros, -los que ayer unisteis vuestras vidas, bajo una mira, en la que no contasteis con la responsabilidad que contraíais, al llegar a vosotros los vástagos; éstos, vinieron y aumentaron la responsabilidad en la pequeña sociedad del hogar que formárais ayer, -siendo ahora vuestra, la obligación, de enseñar a esos hijos, la meta o cumplimiento que vosotros esperáis de ellos, en el futuro, cuando formen su propio Hogar.

-¿Cuál es la causa de la decadencia moral en este tiempo?, -¿por qué de la dispensación de la familia…? -por qué de la guerra sin cuartel en los hogares…? -¿por qué de la vagancia en la juventud? -¿por qué del relajamiento y las inmoralidades en los jóvenes…?

Amados hermanos, -estas cosas están demostrándoos la amarga realidad que no aceptáis aún, -debido a que, en la pequeña sociedad de ese hogar, vuestro matrimonio, no se cimentó en los postulados Supremos, los que cada ser humano tiene la obligación de cumplir, para que podáis ser dignos copartícipes en la Tierra, con el Gran Arquitecto. Mas, ni vosotros como cónyuges supisteis en qué estribaba La Paz, primera piedra angular, en la que se debe cimentar todo matrimonio; como tampoco supisteis, en qué estribaba El Amor, segunda piedra angular en la que descansa el buen entendimiento, y las buenas relaciones de la familia contenida, en esa pequeña sociedad.

Y ¿qué cosa es el Amor entre cónyuges…?, -¿acaso el amor, es, la satisfacción de los instintos…?

-Amados hermanos, -hablándoos con la claridad que necesitáis, debo hacerlo, porque el puritanismo es mal consejero, y este os ha conducido, tan solo a cubriros con una capa de barniz de mala calidad, el que se está resquebrajando por la acción del tiempo; por ello me estoy expresando con toda claridad, y os pregunto: ¿ creéis por ventura, que el amor entre los cónyuges, debe ser, únicamente, la unión de dos seres de la misma especie, los que buscan unir sus vidas, para recrearse en el instinto…?

En verdad, que estos seres “inteligentes”, hasta hoy, tan sólo han buscado la bendición nupcial, para tener mayor libertad ante la sociedad y dar rienda suelta a su materialismo; cónyuges, que procuran la firma del contrato ante la Ley civil, únicamente para amparar los bienes de fortuna como de su exclusiva propiedad; y estos cónyuges que así han actuado, (si en alguno de ambos hay cuantía de bienes), entonces estipularán su unión, con separación de bienes, contraviniendo esto a la misma Ley civil, que dictamina, que lo de uno, viene a ser propiedad del otro, y que ambos deben tener, los mismos derechos.

Y mi voz os habla, en idéntica forma en que se levantara ayer entre los gentiles, y os pregunto: ¿creéis por ventura que este aspecto premeditado, podrá conducir a esos cónyuges, hacia el cumplimiento de una obligación contraída, no tan solo ante la Ley del Mundo, sino ante la Ley Suprema, la que exige el máximo cumplimiento de ambos; porque cada ser (hombre o mujer) es un Ente inteligente, que debe buscar la consolidación de la pequeña sociedad del matrimonio, no para dar rienda suelta a los placeres de la carne, sino, para constituirse ambos, en un solo cuerpo, mediante el buen entendimiento, la buena comprensión y por el esfuerzo que ambos pongan, tanto en lo moral, como en lo material y mental para superar su propia situación, -posición y comprensión, en objeto, a que el día que lleguen los frutos a ese hogar, este, no esté convertido en un campo de batalla, -sino en un templo, donde se glorifique al Gran Arquitecto; templo levantado sobre las tres piedras angulares, siendo la primera piedra, La Paz, en el interior de cada uno de los cónyuges: El Amor, como segunda piedra angular, y La Buena Voluntad, como tercera piedra angular.

Los cónyuges -obligación tienen, de haber aprendido el hacer la Paz, con ellos mismos; siendo esta la primera lección que deben aprender los futuros contrayentes; (solo que debe tomarse en cuenta, que esta lección les fue inculcada desde que eran niños). -Porque también es imposible, que si el árbol enraizó y creció torcido, después vayáis a enderezarlo. -Mientras que si la Paz existe en el interno de los cónyuges, esta misma, les conducirá al verdadero amor entre ambos, -Amor que debe cifrarse en el buen entendimiento, -Amor, base de la comprensión que les llevará a tener o a concederse los mismos derechos, tanto en el hombre como en la mujer, -porque ninguno es mayor que el otro,-y ninguno es “propiedad” del otro; -porque si ambos han unido sus vidas por VOLUNTAD, por AMOR y porque hay PAZ en ellos, -por esto mismo, en ambos, existen los mismos derechos, y ninguno es mayor que el otro, y ninguno es propiedad del otro, -porque ambos han unido sus vidas, por voluntad, por amor y porque hay paz en ellos mismos.

El que es pacificador, lleva amor en su interno; y este por añadidura posee la buena voluntad. Y si estas tres cosas no existen entre los cónyuges, comprended, el por qué del fracaso de la familia. Comprended, en donde está la raíz del fracaso en los matrimonios, y el por qué fracasan estos, sea cual fuere la edad que tengan y el tiempo de unión que lleven; porque bien podéis tener muchos años de unión y si esta no se cimentó en las tres piedras angulares, nunca podrá haber acercamiento ni buena convivencia entre vosotros.

Y mi voz os pregunta: ¿de qué les sirvió a estos cónyuges la bendición nupcial…?, -¿y para qué le sirvió la firma del Contrato civil, con el que han creído amparar a los frutos de ese matrimonio, y para que los bienes de fortuna, pasen a ser de la heredad de estos…?

Hermanos muy amados, -abrid vuestros ojos a la realidad diaria, y pensad, ¿qué cosa es lo que le heredáis al vástago (legitimado por la firma del contrato civil) -qué es lo que heredáis a vuestros hijos! una vez que los bienes de fortuna los habéis asegurado, y si vuestro compañero abandona el hogar por vuestra incomprensión, o bien porque cualquiera de ambos falte por fallecimiento; o bien porque el varón ha partido en busca de aventuras,-¿qué es lo que les heredáis a esos hijos?-¿habéis pensado, si realmente, los bienes de fortuna se irán a constituir, en verdaderos BIENES?

Verdad es, que si vuestros hijos heredan los bienes de fortuna, y estos han pasado a ser de vuestra propiedad por cualquiera de las causas arriba señaladas, -verdad es, que con esos bienes, tan solo estáis asegurándoles el pan de cada día, -pero no les estáis heredando nada bueno; porque la herencia inextinguible e inacabable, -la herencia que debe pasar de los padres a los hijos, -es, la herencia de las buenas costumbres, -la herencia del trabajo honesto, -de la moral más pura y el respeto máximo. Y si vuestros hijos recibieron por herencia estas cosas, sería muy bueno; más en verdad que esta herencia la habéis descuidado, y solo os preocupáis por asegurarles los bienes temporales.

Cuántos casos habéis palpado del abandono de Hogar por cualquiera de los cónyuges; y estos que así actuaron, ¿habrán pensado, en que, han contravenido la eclesiástica ley, la misma que declara que el matrimonio es “indisoluble” y hasta que la muerte los separe?

Mas estas cosas suceden, porque la Humanidad, ha dado palos de ciego por todas partes; porque desde el instante en que se lleva a cabo el contrato civil, ya se está verificando, bajo la mira ambiciosa que les lleva a tener “derecho de propiedad” uno sobre el otro; mas no porque digo estas cosas, vayáis a pensar que estoy fomentando entre vosotros, el amor libre; pensadlo bien, -porque solo pretendo haceros llevar a la observancia, de que ni la Ley civil ha dado protección a la prole, los que, cuántas veces exhiben el abandono en que los tienen sus progenitores; y esta Ley ni ha hecho que el hombre sea más cumplido con sus obligaciones, ni ha hecho a la mujer más responsable, y en verdad, que llegará el día, en que todo esto desaparezca totalmente.

Para el Tercer Milenio, estos convenios ya no existirán; y solo falta que la humanidad sea sacudida por la hecatombe, para que tengan rompimientos los patrones sociales, gubernativos, legislativos, educativos, etc., etc., y se inicie el nuevo patrón que regirá a la Humanidad con menos limitaciones. -Porque aún cuando penséis de que, el hecho de que no se restrinjan los derechos humanos, ha traído en consecuencia, el libertinaje, tanto en el hombre como en la mujer; verdad es, que esto os ha conducido al desenfreno, y solo tenéis que observar, para que os deis cuenta de la realidad que estáis viviendo, sin que a esta se le puada poner, un freno, mediante las leyes que actualmente os gobiernan; porque ni la ley civil puede obligar al hombre para que sea más, responsable, -ni otro tanto hacer con la mujer; ni la ley eclesiástica ha logrado, frenar, la avalancha de hogares destruidos por la incomprensión de los cónyuges, no obstante que hace , del conocimiento de estos la indisolubilidad del matrimonio.

Y ¿desde cuándo se ha venido fomentando la situación vivida hoy?-¿Cuál es la raíz del mal, del que hoy se adolece…?

Esta situación, es el fruto doloroso de las equivocaciones cometidas desde ancestras vidas; recordad la esencia contenida en el Testamento de Abrahám, – testamento que le fue entregado para el pueblo, sin embargo, no fue respetado, y el resultado lo tenéis ahora; porque las almas han venido heredando sus mismas taras. Y Abraham conocía la esencia y la abarcancia que tendría el contenido de aquel testamento que decía:

“Y no le será lícito al hombre, circular los linderos de la tierra, porque será tanto como poner tentación y tentar de paciencia a sus hermanos”.

“No le será lícito al hombre, extender sus posesiones más allá de lo que pueda cultivar con el trabajo de sus manos, -porque si esto hiciere, entonces vendrá la violencia, la ambición, el pillaje y vendrá la descomposición en la Tierra, porque antes vino la descomposición en el corazón de sus habitantes”.

“Sed morales, respetando la propiedad de vuestro hermano, constituida esta, en el fruto de la tierra logrado con el sudor y el trabajo de sus manos. Y si vosotros respetáis estas cosas, podréis respetar a la mujer, compañera, de vuestro herma-¿Que daba a entender con esto la voz del patriarca…?-en primer lugar: que las posesiones del hombre no deben extenderse por sí solo. Segundo: que estas no deben circularse, porque quien lo hiciere, está poniendo tentación al semejante, el que se sentirá empujado a trasponer esos linderos, debido a que la condición humana responde en forma contraria, cuando se le prohíbe una cosa.

Y decía Abraham: “El que sea capaz de respetar la posesión sin linderos, será capaz de respetar a la mujer compañera de su prójimo”. -Mas El no dijo, “la mujer, propiedad de su prójimo”; porque El conociendo el espíritu de igualdad que existe entre ambos, no iba a darle supremacía a uno sobre el otro.

Y en este tiempo, en que estáis viviendo en el clímax de las cosas, podéis daros cuenta ¿ de qué ha servido la legislación del código civil, establecido, para dar protección a la familia…?, -ha servido tan sólo, para que mutuamente, los cónyuges se consideren, el uno como propiedad del otro; y esto les ha llevado a desatar una guerra sin cuartel en el seno del hogar, -porque tanto el hombre como la mujer, pelean con las uñas, con los dientes y se destrozan con lengua viperina y signen peleando, por “la propiedad exclusiva” y ambos gritan y se insultan; y si la mujer hace estas cosas, ¿estará cumpliendo debidamente con su prole…?, -estará enseñando a sus hijos las buenas costumbres…?, -no!, -porque si en sus labios florecen toda clase de insultos, no podrá brillar en ellos una sola virtud, que tienda, a cultivar a esa prole que se está levantando.

Y el varón hará otro tanto; porque, por el hecho de tener mayor libertad, actúa peor. -Yen estos casos, por ser cónyuges, unidos por el contrato civil, seguirán perpetuando la guerra en el Hogar, sin importarles el mal ejemplo mostrado a los hijos, y ambos seguirán sin tiendo, que uno propiedad del otro, y no comprenderán, que, para consolidar la familia, necesitan de esas tres piedras angulares, bases para la solidez del Hogar.

La Paz, primera piedra angular que debe ser puesta Para la solidez del hogar; pues al haber paz en el interno de los cónyuges, esto traerá felicidad en el matrimonio, aun cuando por techo tengan la sombra de un árbol, y estos serían felices; y la prole que nace de estos cónyuges, serán pacificadores, porque ya traen la paz en el interno y serán frutos dulces, cultivados, por la buena convivencia existente en sus progenitores.

Más, estos frutos dulces brillan por su ausencia en estos tiempos; porque vuestros vástagos, apenas sí levantan unos palmos del suelo y ya son belicosos, -ya levantan su mano y os hacen la mueca que denuncia el desprecio y la ira. -Vuestros vástagos ya tienen la mirada empañada por el capricho que germina en ellos, y ¿por qué, si son tan pequeños…?, -porque vosotros habéis enfermado ese ambiente y no lo creéis, y ni, nunca lo aceptaréis, y preferís antes “morir”, a ceder; preferís seguir llevando una vida de riñas y odios, a sellar vuestros labios con el silencio. -Y ¿a dónde os ha conducido vuestra actitud?, -a seguir fomentando la degeneración en la juventud; porque vuestros niños, en unos cuantos años más serán jóvenes, -y ¿qué harán el día de mañana…?, -os responderán de acuerdo vieron, escucharon y recogieron en el seno del hogar que les sirvió de cuna.

Y yo os pregunto: ¿en dónde ha quedado el juramento de Amor que ante el altar os hicisteis?, -este se ha quedado allí mismo, bajo las piedras del altar, -porque habéis olvidado que estáis sobre la Tierra, para glorificar vuestra existencia, mediante el buen entendimiento. Como habéis olvidado, que los mismos derechos que hay en el hombre, los hay en la mujer, -y una cosa es que esta sea femenina y delicada, a que, abusando de esa apariencia, se niegue a cumplir con sus obligaciones y la responsabilidad.

La mujer, no obstante su delicadeza aparente, es fuerte, tremendamente fuerte y no hay voluntad femenina que se pueda doblegar; y esa fortaleza debe mantener el buen equilibrio en el Hogar, pues dijo el padre Abraham en su Testamento:

“En cuanto a la mujer, como compañera del hombre, débil por su aspecto, pero fuerte por su serenidad, -será la columna fuerte del hogar, y no obstante su apariencia débil, llevará el timón de esa Nave; más solamente podrán hacerlo, las que demuestren su responsabilidad, -su serenidad, -su justicia y rectitud, -virtudes que harán de la mujer un eterno centinela en el Hogar”.

Y estas virtudes existen en vosotras, oh, mujeres!, que sois fuertes, no obstante vuestro aspecto delicado; y para probaros estas cosas, me basta con deciros, que; vosotras, desde que empieza a llegar la prole, pasáis las noches en vela, y durante el día seguís ocupadas en los menesteres domésticos, – y verdad es, que esta rutina no hay varón que pueda soportarla, -porque la fortaleza de este reside únicamente en su musculatura, -mas no en su fuerza de voluntad. -Y qué hermosa realidad sería si os comprendierais mejor, y cifrarais, la estabilidad de vuestra unión en la buena voluntad, y no tan solo en el contrato civil.

Porque, para que la unión conyugal sea completa, tendría que estar cimentada en la tercera piedra angular, -porque si no hay buena voluntad, así podáis estar unidos por todas vuestras leyes, -pues si no hay buena voluntad ni paz entre vosotros, -todo serán desarmonías.

Bien que diréis, -que vosotros cuando jóvenes ignorabais estas cosas; mas no hay disculpa que os valga, -porque ha dos mil años, el Mesías, vino a mostrar el principio de la Paz entre los hombres. Y antes del Mesías, los principios de la Paz, se enseñaron por Sidarta Gautama el Iluminado, quien trajera al Mundo, las bases para la solidaridad del Hogar, basado siempre en la moral, -en el respeto mutuo y en el trabajo, como Ley regenerativa; habiendo sido esto los principios básicos del Evangelio de Buda, enseñados, 560 años antes de Cristo.

Por eso he dicho, que no hay disculpa en los seres humanos, los que están dormidos por conveniencia, y por la incredulidad hacia los conceptos vertidos. Porque si creyeseis, os esforzaríais por cumplir estas cosas. Y si vosotros los adultos que habéis vivido más de la mitad de vuestra existencia, escucháis la clarinada de estas razones, -tenéis la obligación, de enseñárselas a vuestros hijos, -porque si vosotros no cumplisteis, a ver si ellos cumplen con lo que no hicisteis vosotros.

Porque sin estas tres piedras angulares de las que he hablado, el sisma seguirá amenazando a vuestros hogares, -como a la sociedad en general; porque si entre cónyuges no se entienden y en el hogar cada quien hace lo que le pega en gana, -porque desde el niño más pequeño, grita y se encapricha, levanta su mano y exige, ¿qué no harán los mayores…?

-Cada quien por su lado hace lo que quiere, esta es la verdad; y esos vástagos se dispersarán mañana, y serán elementos que fomentarán las malas costumbres, y seguirán en la inmoralidad y esta irá reinando, y el sisma vendrá a terminar con esta sociedad humana, -cimentada, en bases tan falsas, como plagadas de conveniencia.

Más, la hora está presta sobre el Mundo, -y aún cuando no lo aceptéis, -así será. -Y es el momento en que cada quien, de pie, -en su puesto de avanzada como el centinela, -viva alerta, para que siquiera no os tome por sorpresa.

Amados hermanos, -analizad estos conceptos que abarcan los aspectos débiles de la sociedad humana ; porque, ha llegado la hora de que tengáis los pies firmes en el suelo, y la mente elevada, para que siquiera brilléis por la rectitud de vuestros pensamientos, -por la nobleza de vuestras almas, y por las buenas obras, -manifestación de la vida evangelizada y cimentada en el Amor que es comprensión; porque de lo contrario, ¿de qué os ha servido el matrimonio…?, -sólo para fomentar la guerra en los hogares, y que esta trascienda ; porque la guerra la fomenta el hombre desde que se levanta lanzando los impacto de sus pensamientos torvos, -y ya es necesario que destruyan esos campos de batalla y los transforméis en campos de paz y de armonía, en donde la familia se reúna, no a reñir, si no a expansionarse en el buen entendimiento.

Vuestro hermano,

SAULO DE TARSO.

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