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Comencemos ahora.

Sábado, 14 de abril de 2012 Dejar un comentario Ir a comentarios

Jesús nuestro Divino Maestro, nos guía a todos para comenzar esa obra magnífica que esta sucediendo en este mundo, el mundo se esta transformando en un mundo de regeneración, ya se está dejando poco a poco el mundo de pruebas y expiaciones, en unos cuantos años estará concluido el cambio y será un mundo de regeneración.

También somos nosotros que tenemos que esforzarnos para que entre todos seamos capaces de transformar nuestro interior en un interior de una mayor hermandad. Nuestro Maestro Jesús, hace más de dos mil años nos enseño como transformar nuestro interior lleno de tinieblas en un interior lleno de luz, nos enseño que tenemos que caminar seguros hacia Dios y que siempre tenemos que esforzarnos de hacer el bien.

Siempre tenemos que tener nuestros pensamientos dirigidos al bien, pues de lo contrario no podremos alcanzar lo que estamos buscando, y es esa confianza en Dios, esa tranquilidad que podremos conseguir con el deseo siempre de hacer el bien.

Todos podemos cambiar, todos podemos mejorar y comenzar la ascensión hacia el Padre, pero todo eso, depende de nosotros. Somos constructores de nuestro destino, tenemos que tener especial cuidado con lo que hacemos, pues siempre tenemos que tener la certeza, de que si hacemos algo mal, tendrá su respuesta en cualquier momento.

Cuando éramos espíritus mas jóvenes, sin duda, cometíamos más errores, cometíamos más daños, sin embargo, ahora conocemos más cosas a través de las enseñanzas de Jesús, y de la doctrina esclarecedora de los espíritus, donde el daño que surge de nuestros actos serán equivalentes y sufriremos las consecuencias.

Si utilizamos el odio, la venganza, si hacemos daño al semejante, tendremos una respuesta de esa agresión que nosotros hemos provocado, puede ser en esta existencia o en la otra, sin embargo, si hemos hecho el mal, y comenzamos a cambiar y nos esforzamos para ser mas buenos, entonces, todo puede cambiar para el bien, pues para el Padre nunca es tarde para redimirse.

Entendamos que Dios no castiga, somos nosotros mismos que nos castigamos, si encendemos un fuego y pasamos la mano por la llama y nos quemamos, no es Dios que nos castiga, somos nosotros que por nuestra imprudencia el resultado ha sido una quemadura.

Es por eso que hace mas de dos mil años el Maestro nos enseño que quien mata con espada, morirá con espada, pues el mal que creamos viene de vuelta a nosotros, y no es un castigo de Dios, lo repetimos, es la consecuencia del daño que hacemos.

Lo mismo pasa con el bien que hagamos, todo bien que creamos viene de vuelta a nosotros, en pensamientos más calmados, en amistades, en una conciencia más tranquila, en compañía de espíritus buenos a nuestro alrededor, y a su vez, los espíritus que nos desean el mal no podrán perjudicarnos tan fácilmente.

Por eso actuemos en nuestro mejoramiento, hagamos el bien en todo momento, y si hacemos el mal por nuestra debilidad moral, enseguida, cambiemos esa conducta y hagamos el bien pronto, pues así contrarrestaremos a la mala influencia y estaremos protegidos por espíritus buenos.

El Padre nunca nos abandona, y siempre tenemos que esforzarnos en el bien, para así poder ser más buenos y trabajar para comenzar esa aproximación hacia el Padre, ese momento donde la criatura va al encuentro de su Creador, donde el hijo busca a su Padre amado.

Comencemos ese momento sublime y nunca nos cansemos de mejorar, pues tal y como nos enseño Jesús, nuestro Padre es un Padre de amor, no lo pongamos como lo limitan algunas religiones, veamos a un Dios amoroso que solo quiere que sus hijos avancen hacia el bien.

Espíritu Rafael

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