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Juan Reynaud.

Viernes, 16 de Octubre de 2009 Dejar un comentario Ir a comentarios

Sociedad Espiritista de París. Comunicación espontánea

“Amigos míos, ¡qué magnífica es esta nueva vida!, ¡Semejante a un torrente luminoso, lo infinito arrastra en su curso inmenso a las almas embriagadas!. Después de la ruptura de los lazos carna­les, mis ojos han abrazado los nuevos horizontes que me rodean, gozo de las espléndidas maravillas de lo infinito. He pasado de las sombras de la materia a la aurora resplandeciente que anuncia al Todopoderoso. Me he salvado, no por el mérito de mis obras, sino por el conocimiento del principio eterno que me ha hecho evitar los lunares, impresos por la ignorancia a la pobre Humanidad.

Mi muerte ha sido bendecida, mis biógrafos la considerarán prematu­ra. ¡Ciegos!. Hallarán a faltar algunos escritos nacidos del polvo, y no comprenderán cuán útil es a la santa causa del Espiritismo el ruido que se hace alrededor de mi tumba a medio cerrar. Mi obra estaba acabada, mis predecesores van a la carrera, había alcanza­do ese punto culminante en que el hombre da lo mejor que tiene y en que no hace sino volver a empezar. Mi muerte despierta la atención de los hombres de letras, y la conduce a mi obra capital, que atañe a la gran cuestión espiritista que dicen desconocer, y que pronto los unirá. ¡Gloria a Dios!. Ayudado por los espíritus su­periores que protegen la nueva doctrina, voy a ser uno de los que marquen vuestra ruta.”

Juan Reynaud


París, reunión de familia. Otra comunicación espontánea

El espíritu responde a una reflexión hecha sobre su muerte, inesperada en una edad poco avanzada, y que sorprendió a muchas personas:

“¿Quién os ha dicho que mi muerte no es un beneficio para el Espiritismo, para su porvenir, para sus consecuencias?. ¿Habéis observado, amigo mío, la marcha que sigue el progreso, la ruta que toma la fe espiritista?. Dios ha dado desde luego pruebas mate­riales: movimientos de las mesas, golpes y toda clase de fenóme­nos. Esto era para llamar la atención. Era un divertido prefacio. Son necesarias al hombre pruebas palpables para creer. ¡Ahora es otra cosa!. Después de los hechos materiales, Dios habla a la inteli­gencia, al buen sentido, a la fría razón. Éstos no son juegos de fuerza, sino cosas racionales que deben convencer y unir hasta a los incrédulos y a los más tercos. Y esto no es todavía más que el principio. Observad bien lo que os digo: toda una serie de hechos inteligentes, irrefutables, van a seguirse, aumentándose también el número, ya tan grande, de los adeptos de la fe espiritista. Dios va a ocuparse de las inteligencias escogidas, de las eminencias del espíritu, del talento y del saber.

Esto será un rayo luminoso que se extenderá por toda la Tierra como un fluido magnético irresisti­ble, y empujará a los más pertinaces a la investigación de lo infini­to, al estudio de esta admirable ciencia que nos enseña máximas tan sublimes. Todos se agruparán a vuestro alrededor, y haciendo abstracción del diploma del genio que les fue dado, se harán hu­mildes y pequeños para aprender y convencerse. Después, más tarde, cuando estén bien instruidos y bien convencidos, se servi­rán de su autoridad y de la notoriedad de su nombre para ir todavía más lejos y alcanzar los últimos límites del fin que todos os habéis propuesto: la regeneración de la especie humana por el conoci­miento razonado y profundo de las existencias pasadas y futuras. He ahí mi sincera opinión sobre el estado actual del Espiritismo.”

El cielo y el infierno

Allan Kardec

  1. Juan Carlos Mariani
    Domingo, 18 de Octubre de 2009 a las 01:40 | #1

    ¡Qué gran verdad! y que elucuencia al poner estos textos, tan importantes para entender las causalidades de la vida Espírita.
    Muchos hermanos desearían volver a aquellas épocas donde los golpes estremecían la razón, olvidando que aquellos tiempos, donde se desenvolvía la Doctrina Espírita, eran de más ignorancia y de ahí la necesidad de tener que mostrarle al mundo, la existencia de los espíritus, de una forma más real, hasta casos de tangibilidad.
    Todavía quedan los resabios de esas épocas donde la mediúmnidad de “Efecto físico”, prevalecía entre tantas otras y vaya labor de aquellos hermanos que tuvieron que venir a la Tierra con semejantes dones.
    Eusapia Paladino y tantos otros grandes médiums, que también debieron pasar por las pruebas de un hombre, de una generación incrédula, donde se abría las puertas, nada más ni nada menos, que a la luz de la “Tercera Revelación”, El espiritismo que codificara el maestro Allan Kardec.
    Después de tanto trabajo, de la venida de tantos seguidores, las luces también nos llegaron a nosotros y ahora sabemos la idea de hacer notar un espiritismo con manifestaciones más sencibles, y promulga al estudio y al trabajo insesante por el progreso espiritual, en todas sus formas.
    Pues, llamados estamos a semejante labor, con conocimiento de causa y rogando por la luz infinita, pidiendo por el desenvolvimiento sano y desmistificador de las nuevos descubrimientos de las falcultades mediúmnicas, alejadas de aquellas manifestaciones.
    Ya , no será necesario levantar mesas u objetos, ahora la humanidad marcha hacia un rumbo conocido, donde el amor, la sabiduría, el afán de ver un mundo interno y externo , se haga realidad.
    Loas a los espíritus que lucharon en aquellos momentos, con la pluma, la palabra, y que nos dejaron un camino esplendoroso que cada uno deberá saber recorrer.
    Mari, mis felicitaciones a tu trabajo, a tu perseverancia y ser una digna divulgadora de la Doctrina de los Espíritus. Dios te envíe sus bendiciones.
    Tu hermano
    Juan Carlos

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