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Palabras de amigo

Lunes, 23 de Noviembre de 2009 Dejar un comentario Ir a comentarios

En la fase terminal de nuestra reunión, la noche del 16 de septiembre de 1954, los recursos psicofónicos del médium fueron ocupados por nuestro amigo Queiroz, que fue abnegado médico en Belo Horizonte y cuya personalidad no podemos identificar, del todo, por motivos justos.

Lo conocemos personalmente.

Hombre íntegro y digno, había hecho de la Medicina verdadero sacerdocio. Se dedicaba a los clientes y compartía sus dificultades y sufrimientos, como si fuesen hermanos en orden familiar.

Sólo 28 días después de desencarnado, con amparo de Amigos Espirituales había venido por primera vez a nuestro Grupo. Parecía despertar de largo sueño y se sentía todavía en el cuerpo de carne. Se reconocía conscientemente, pero se juzgaba todavía en estado comatoso y, por ello, oraba con encantadora fe y en voz alta por los enfermos que recibían sus cuidados, confiándolos a Dios. Pasando a conversar con nosotros y asistido magnéticamente por los Benefactores Espirituales de nuestro templo, despertó para la verdad en conmovedor éxtasis de alegría.

Perfectamente recordamos oírlo decir, tan pronto se vio redivivo:

-“¿Entonces, la muerte es esto, una puerta que se cierra al pasado y otra que se abre al futuro?”

Inmediatamente pasó a ver junto a sí antiguos clientes desencarnados que venían a demostrarle gratitud y, con inolvidables expresiones de amor a Jesús, se despidió, contento, dejándonos agradecidos y emocionados
.

Volviendo a nuestro círculo de acción, nos felicitó con el presente mensaje que bien caracteriza su alto grado de entendimiento evangélico.

Soy de aquellos que necesitaron morir para percibir con más seguridad.

La experiencia terrestre es comparable a espesa cortina de sombra, restringiéndonos la visión.

Y, en mí, el deber del médico eclipsaba la libertad del hombre, limitando observaciones y digresiones.

Aún así, viví en mi círculo de trabajo con bastante discernimiento para identificar los profundos antagonismos de nuestra época.

Aislado en las reflexiones de los últimos días en el cuerpo, anotaba las vicisitudes y conflictos del espíritu humano, entre avanzadas conquistas científico-sociales y los impositivos de la propia recuperación.

Empavesado en la hiperestructura de la inteligencia, nuestro siglo sufre aflictiva sed de valores morales para no descender a extremos desequilibrios, y la existencia del hombre de hoy se asemeja a lujoso transatlántico, navegando sin brújula.

Por todas partes el hambre de lucros ilusorios, la industria del placer, la descontrolada ambición, el apetito insaciable de emociones inferiores y la fuga de la responsabilidad exhiben tristes espectáculos de perturbación, obligandonos a reconocer la necesidad de fe renovadora para el cerebro de las elites y para el corazón de las masas sin rumbo.

De aquí, por tanto, es fácil para nosotros confirmar ahora que el mundo moderno está enfermo.

Y el clínico menos experto percibirá sin esfuerzo que el diagnóstico debe ser interpretado como carencia de Dios en el pensamiento de la Humanidad, estableciendo crisis de carácter y confianza.

Apagando el personalismo que traje de la Tierra, descubrí, estudiando en vuestra compañía, que solamente Cristo es el médico adecuado para la cura del gran enfermo y que sólo el Espiritismo, reviviendo sus lecciones divinas, es la medicación providencial.

Según veis, sólo soy modesto aprendiz de la gran transformación. Sin embargo, cuanto más se consolidan mis energías, más vivo es mi deslumbramiento, ante la verdad.

La luz que el Señor os dio y que me disteis, alteró visceralmente mi apariencia personal.

Soy, actualmente, un médico intentando curarse a sí mismo.

Mis adquisiciones culturales están reducidas a llama titilante que me compete reavivar.

Mis méritos, por ahora, son nulos.

Mas se reaviva mi esperanza y abrazándoos, reconocido, me entrego al trabajo del recomienzo…

¡Gloria al Señor que nos ilumina el camino espiritual!

Es así, reanimado y fortalecido, que acepto ahora el servicio y la solidaridad bajo nuevo prisma, rogando a Jesús que nos bendiga y caminando con vosotros en la previsión del glorioso futuro.

Queiroz

FRANCISCO CÂNDIDO XAVIER

Dictado por Diversos Espíritus

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