Concepto espirita del Educando
Para la Educación Natural el educando será un niño, un joven o un adulto que debe ser integrado en la sociedad. Esta integración sería principalmente cultural, lo mismo en las tribus salvajes. En las civilizaciones el proceso de integración es más complejo, pero ni siquiera por esto estamos enteramente libres del primitivismo de las selvas. La explotación comercial de la Educación es un mal cuyas consecuencias sociales aún no podemos evaluar. Por esto Rousseau manifestaba tan gran desprecio por los colegios solemnes de su tiempo. Los educadores son profesionales de lo enseñanza y esto los lleva a olvidarse de los problemas educativos. Envueltos en las exigencias de la vida práctica, aturdidos con el número de aulas que precisan dar por día a fin de suplir sus necesidades esenciales, pierden el contacto con los libros básicos, olvidan fácilmente lo que aprendieron en las escuelas (en general para pasar los exámenes) y pasan a encarar a los educandos como alumnos insubordinados que solo sirven para exasperarlos. Viven estresados, tensionados permanentemente, prontos a estallar en cualquier momento.
Además, en la enseñanza superior la situación no es muy diferente. Muchos catedráticos y sus asistentes deberían estar sentados entre los alumnos. Preocupándose más con la posición que con la función, con los problemas profesionales que con los de la enseñanza. Miden a todos los alumnos por la medida única de su rutina escolar, cuando no la de su inexplicable pretensión. Pueden dar lecciones de Psicología de la Adolescencia pero no son capaces de ver en el alumno a un adolescente. Quien llegó a un curso superior, piensan, debería estar maduro y tiene que soportar la carga de los estudios y de las obligaciones escolares. Su visión del educando es inferior al del salvaje que trata a los hijos y a los niños con tolerancia y cariño.
Claro que existen las excepciones y también las posiciones de término medio. Pero en general, la situación es esta. Continúan en el plano de la Educación Natural, o sea, del proceso educativo que es un acto inmanente de la sociedad, sin el estudio, el análisis, la reflexión de la sistemática pedagógica. Olvidan también el simple deber de la cordialidad de las relaciones humanas comunes. Un profesor de Psicología estará pronto para analizar las actitudes del alumno en la pauta de las interpretaciones patológicas, de los posibles complejos o tendencias mórbidas. No se les ocurre que el alumno está dotado de una realidad subjetiva individual que le confiere personalidad, condición psicológica específica.
Por otro lado, las exigencias burocráticas de la administración escolar, sea particular o pública, tienden a sobrecargar cada vez más al profesor, robándole las últimas posibilidades del placer hacia la lectura, el estudio, la reflexión. Preso en el engranaje triturador de los deberes profesionales, el profesor pierde los últimos resplandores de sus sueños de estudiante y llega también a olvidarse que ya fue alumno y tuvo que soportar las exigencias descomedidas y la intolerancia de los maestros. El llamado refinamiento de las técnicas administrativas no tiene en consideración la situación especial del profesor. La tendencia es la de considerarlo como un simple funcionario de la empresa. No podemos acusarlo por ser víctima del ilogismo de un siglo de pragmatismo agudo. Pero tampoco podemos esconder la situación en que ejerce la más melindrosa de las profesiones. Tenemos que concluir que la concepción del educando en las escuelas actuales es inferior y más opaca que la de las tribus.
Pero en la Pedagogía no puede ser así. Por más incapaz o gruñón que sea el profesor, si acaso se interesare por los estudios pedagógicos, pasará a ver al alumno con ojos radioscópicos. Lo verá por dentro y no apenas por fuera. Percibirá que el alumno no es un simple grano de millo en el molino. Que él posee aquella realidad subjetiva individual de la cual trata Hubert. Y que esta realidad es más importante que su apariencia exterior, que su posición social, que su comportamiento en la clase o en los estudios. Descubrirá el extraño mundo, maravilloso y complejo del ser, este misterio oculto y disfrazado bajo la máscara o las máscaras impuestas por las órdenes sociales. Y entonces, tal vez, será también posible que comprenda la lección evangélica del amor a los semejantes y la de amar a los enemigos.
Vemos así una de las diferencias más importantes y significativas entre Educación y Pedagogía. El mundo de las ideas, como enseñaba Platón, está hacia el mundo de la realidad práctica como la planicie iluminada del sol y llena de vida está para la caverna oscura y llena de esclavos encadenados. Las más bellas ideas se desfiguran y pierden todo su encanto al caer en la rutina de la vida práctica. Las teorías se hacen de ideas y mucha gente las desprecia por esto. Pero son las ideas las que rigen al mundo, que orientan nuestro comportamiento, que mantienen nuestra alegría y nuestro bienestar o nos precipitan al tedio, la exasperación y al desequilibrio. La concepción pedagógica del educando, por más realista que sea, pertenece al mundo de las ideas y se eleva muy por encima de la concepción educativa. Si, por más realista, puesto que en verdad, ella debe ser precisa y realista. No será el realismo de las cosas que las deforma a nuestros ojos, será nuestra incapacidad de verlas en su realidad plena, la limitación sensorial que nos prende en el plano de las apariencias.
En la Pedagogía Espírita la concepción real del educando va mucho más allá de la concepción pedagógica habitual o común. La primera y más sencilla definición del educando que ella nos da, provoca un choque y muchas veces un rechazo de quienes la reciben: El educando es un reencarnado. Hoy el problema de la reencarnación no pertenece más a las creencias o religiones antiguas. Tornase objeto de investigaciones científicas cada vez más serias y profundas, también entre los materialistas ideológicos del mundo marxista. Pero, a pesar de esto, particularmente en los medios universitarios, habrá mucha gente que lo considera como simple superstición de un pasado remoto. Pero la verdad es aquello que es, realidad en si misma, y por más que la repelen continuará presente, en un desafío constante. Podemos contornearla como quisiéramos, disfrazarla con los más bellos adornos, cubrirla de los más feos epítetos. Ella continuará allí y acabará imponiéndose.
El educando es un reencarnado — esto provoca una revolución, pone por debajo al mundo de las hipótesis y de los sistemas contrarios, provoca la ira de los teólogos, asombra a los pedagogos y a los educadores que toman una siesta hace años o siglos sobre el lecho bien arrumado de sus verdades hechas. El choque los hace saltar de la cama y protestar contra la realidad absurda. ¡¿Cómo?! Entonces un niño inocente, ingenuo, que abre sus ojos hacia el mundo por primera vez, que aprende poco a poco las ciencias del mundo, ya vivió en una existencia anterior, fue adulta, aprendió muchas cosas y ¿las olvidó todas? Esta niña alegre, de ojos vivos, de sonrisa espontánea, ¿pudo haber sido una criatura malvada? Este niño despierto y de inteligencia vivaz, ¿pudo haber sido un profesor gruñón en un pasado distante o hasta en un pasado próximo? ¡Esta afirmación de que el educando es un reencarnado sería una herejía pedagógica!
Pero no lo es. La Pedagogía Espírita se apoya en bases científicas como todas las Pedagogías. Sus presupuestos ya se tornaron principios confirmados por las investigaciones científicas. Por señal de que no eran presupuestos, eran verdades comprobadas por la pesquisa espírita pero refutadas con argumentos — no con investigaciones, sino con palabras — por las Ciencias positivas, lo que es positivamente una actitud contraria al espíritu científico. Será preciso, pues, encarar la realidad nueva, por más extraña u absurda que parezca. La piedra fundamental de la Pedagogía Espírita está lanzada y no podemos retroceder: El educando es un reencarnado.
La primera consecuencia de esa constatación, a pesar del susto general, no es tan asustadora, entonces, La mayéutica de Sócrates, la reminiscencia de Platón, la teoría de los períodos sensibles de la Dra. Montessori, la audaz posición de Hubert ya abrieron el camino en la Pedagogía para una posible comprensión de que el niño no es la tabla rasa de los empiristas ingleses, sino alguien con voluntad propia, temperamento específico, aptitudes innatas y una inteligencia provista de recursos que pueden aflorar a la mente de relación cuando nos servimos de métodos adecuados en la práctica educacional. El niño no es tan inocente, tan ingenuo y tan desprovisto de recursos culturales y también de ideas, como parece. Recordamos la insistencia del Prof. Humberto Mariotti en la necesidad de elaborar una teoría aparente del niño, también la afirmación de Kardec de que el niño aparece en el mundo vestido con el ropaje de la inocencia.
La Pedagogía Espírita considera al educando como un espíritu que regresa a la vida terrenal, después de varias existencias anteriores, trayendo un vasto acervo de experiencias negativas y positivas en su mente de profundidad, resultados de una serie de vivencias materiales y espirituales. Al mismo tiempo, trae, en forma de vectores psíquicos, las tendencias vocacionales y las orientaciones morales que deben aflorar a su mente de relación en la medida en que fueren siendo suscitados por las circunstancias, las ocurrencias, los estímulos de la vida actual. Traerá también los instintos espirituales a los cuales Kardec se refiere, especies de dispositivos de seguridad que deben socorrerlo en los momentos de crisis y de dificultades. Estos instintos se manifiestan a veces como lo que vulgarmente se llama la voz de la consciencia, actuando tanto como frenos, fuerzas inhibidoras, alertas para la fuga o la reacción delante del peligro moral, como en el sentido de impulsos estimulantes y energías de sustentación en los momentos de pruebas. Además de esto, sobre pairando a todo este esquema oculto, trae la idea de Dios impresa en su consciencia como la marca del obrero en su obra, según la bella expresión de Descartes, y la ley de adoración en su afectividad para guiarlo en su impulso natural de trascendencia.
La mente de relación del educando está condicionada por un cerebro nuevo, semejante a un disco virgen, que no fue gravado por ninguna de las experiencias del pasado. Esta tabla rasa de los empiristas apegados a la interpretación materialista del hombre. Pero hoy, que la memoria extracerebral se comprueba científicamente, es fácil comprender que este disco virgen, al recibir las primeras grabaciones de la memoria actual, debe provocar el afloramiento de experiencias semejantes de la memoria de profundidad, que también se gravan como agregados en la mente de relación. Es esta una ley mental conocida, la de asociación de ideas o de emociones. Por esto, en la proporción en que el niño se desenvuelve, en que el joven se forma, las experiencias de la vida actual se enriquecen con los agregados provenientes del inconsciente.
La explicación del genio — dice Myers — nos es dada por esta dinámica del psiquismo, en la invasión constante de corrientes mentales y emocionales del inconsciente en el área del consciente. Las investigaciones de Myers, Henry Sidgwrick y Edmond Gúrney resultaron en la publicación de la obra La Personalidad Humana (The Human Personality), a finales del siglo pasado, y hoy se confirman en las investigaciones de la Psicología Profunda y de la Parapsicología. Esta realidad comprobada del dinamismo del inconsciente y sus relaciones con el consciente llevó al Prof. Raikov, de la Universidad de Moscú, a iniciar la pesquisa de la memoria extracerebral para explicar los estados psicológicos de perturbación del comportamiento en numerosos pacientes. La Ciencia Soviética, a pesar de su materialismo aparentemente irreducible, tuvo que enfrentar el desafío de la reencarnación, con la esperanza de superar por las pruebas científicas el desafío de la vieja superstición. Hoy, nos informó personalmente el Prof. Hamendras Nat Banerjee, de la Universidad de Rajastan, en la India, quien visitó recientemente a Rusia en misión científica, más de doscientos científicos soviéticos se empeñan en esta pesquisa.
No se puede despreciar, en el campo de los estudios pedagógicos, este dato fundamental sobre las estructuras psíquicas y mentales del educando. La Pedagogía Espírita, que antes encontraba la barrera de los preconceptos culturales y religiosos contra esta posición del problema, tiene hoy el terreno marcado hacia delante. Pero no se detendrá en este punto la revolución espírita en la Educación y en la Pedagogía. A este dato substancial deberemos agregar los datos sobre el proceso telepático, provenientes de investigaciones intensivas en los principales centros universitarios del mundo, y los datos más recientes de la pesquisa tecnológica sobre la grabación de voces paranormales en cintas magnéticas de grabadores comunes. La mente de relación del educando es también un receptor de corrientes telepáticas provenientes de dos fuentes naturales: las mentes humanas de la Tierra y las mentes espirituales del mundo de después de la muerte. Estas corrientes actúan según la ley de sintonía y ejercen generalmente influencia decisiva en el comportamiento humano. Pero es posible controlar este proceso, disciplinar su manifestación, impidiendo los trastornos mentales, los desvíos del comportamiento, y orientando a los individuos en el control personal que deben ejercer.
Las Pedagogías que se rehúsan a tomar conocimiento de esos descubrimientos están prácticamente superadas: No corresponden más a las exigencias de la cultura actual. Tenía razón el Prof. Denizard Rivail, discípulo y continuador francés de Pestalozzi, cuando en el interés de la Educación y de la Pedagogía resolvió investigar los fenómenos paranormales. Su tesis era la de que ningún pedagogo consciente de sus responsabilidades puede desinteresarse de los nuevos descubrimientos que se hacen, en el campo de las Ciencias, sobre la naturaleza del hombre, que es el objeto de la Educación. Para educar, según sustentaba, precisamos conocer lo más profundamente posible la naturaleza del educando. Un siglo después de su batalla de quince años contra los conservadores, su tesis se confirma en nuestros días y la Pedagogía Espírita se impone como una exigencia del desenvolvimiento cultural de nuestro tiempo.
Esa exigencia se redobla cuando recordamos que estamos en el límite de la Era Cósmica. La conquista del Espacio Sideral exige de los astronautas no solo los equipos técnicos, sino también el desarrollo de su equipo natural de percepción extra-sensorial. El instrumento más necesario, por que a través, de este equipo, se da precisamente la telepatía. Las experiencias telepáticas a distancia probaron que el pensamiento es la única forma conocida de energía que no se somete al condicionamiento espacio-tiempo, ni a la ley de gravedad y no respeta ninguna especie de barreras físicas. El único instrumento de comunicación que puede atender a las necesidades de la conquista del espacio es la telepatía. El astronauta Mitchel, del Apolo 14, de los EUA, realizó experiencias muy exitosas de transmisión de pensamientos de la Luna hacia la Tierra. En esta distancia es posible la comunicación por la radio. Pero cuando la nave espacial se encontraba en la cara oculta de la Luna la radio no logró vencer la barrera física de aquel cuerpo celeste. Cuando las naves penetran en las profundidades del Cosmos, alcanzando grandes distancias, la radio también deja de servir. Pero
otros instrumentos, como la precognición (visión del futuro) la clarividencia (visión a distancia y a través de cuerpos opacos) son importantes para los viajes cósmicos. El astronauta tendrá que ser un hombre dotado de percepción extra-sensorial y de posibilidades mediúmnicas para ser socorrido y orientado, cuando sea necesario, por las entidades espirituales.
¿No es sintomático que la conquista del espacio se hubiese iniciado conjuntamente con el desenvolvimiento de las investigaciones parapsicológicas? ¿Y no será evidente que la Pedagogía tendrá que modificar sus bases en frente de esos desafíos agresivos de nuestro tiempo? Pero lo que consideramos providencial es que la Educación Espírita se haya iniciado también, de manera explosiva, en esta época y en el Brasil, país que, según las profecías espirituales, tiene la misión de liderar la nueva civilización terrena. Cabe a la Pedagogía Espírita abrir las nuevas perspectivas exigidas por nuestro tiempo en el campo de la Educación y de la Pedagogía. Solo una Pedagogía dotada de esos datos científicos recientes, y apoyada en una tradición espiritual de investigaciones y descubrimientos de tipo científico en este terreno, está en condiciones de aceptar y responder positivamente a los desafíos de esta fase de transición. ¿Pero cómo cumplir esta tarea, si no dispusiere de trabajadores intelectuales dispuestos a la abnegación de luchar contra las corrientes opuestas y colaborar con firmeza y entusiasmo en la nueva construcción pedagógica?
Resta saber cuáles serían los métodos a seguir para que la Educación Espírita pueda reorientar el proceso educativo en los términos de las exigencias actuales. Aunque para esto dispongamos de la experiencia de la enseñanza doctrinaria, de la práctica mediúmnica a través de más de un siglo, de las observaciones efectuadas sobre los procesos de desenvolvimiento de las facultades paranormales y de las formas posibles de educación mediúmnica. Todo este acervo de experiencias objetivas se aumentará por las contribuciones recientes de obras psicografiadas que tratan de los mecanismos de la mediumnidad y de obras de pesquisidores espíritas, científicamente categorizados, sobre los mecanismos cerebrales que corresponden a estos procesos mentales. Y disponemos también del acervo ya bastante significativo de las investigaciones parapsicológicas en este campo. Reuniendo estos datos y conjugándolos en una elaboración de métodos específicos, la Pedagogía Espírita está en condiciones de señalizar los caminos de la profunda renovación educativa y pedagógica que ahora se impone.
Como vimos, la experiencia espírita demuestra que el problema de las nuevas dimensiones del educando no se resumen a sus facultades individuales. Hay un problema de relaciones extrasensoriales y de comunicación a ser enfrentado. La Sociología, que hasta ahora se cerró en el círculo de la Sociedad corporal (según la expresión de Kardec) se siente convocada a alargar el ámbito de sus investigaciones y ampliar su concepción del hecho social. Este objeto de Durkheim nos revela su cara oculta, como la de la Luna, ampliando sus dimensiones. Tenemos que enfrentar la cuestión de la Parasociología, quien tratara de las relaciones del hombre terreno con el hombre espiritual. Las grabaciones de voces paranormales nos ofrecen el medio tecnológico para comprobar las investigaciones espíritas y de controlar estas manifestaciones.
Encarar al educando, según propone Mariotti, como un ser palingenésico; determinar los grados de evolución mental y espiritual en que él se encuentra; probar y comprobar sus tendencias vocacionales; encaminarlo a los cursos correspondientes a estas indicaciones innatas de sus tareas en esta encarnación; trazar un rutero de economía vocacional a ser aplicado en las escuelas; estudiar el problema de los estímulos ambientales de Montessori para la adaptación a las nuevas condiciones pedagógicas; renovar los textos escolares de todos los grados de enseñanza, en la proporción posible, pero con decisiva continuidad en este esfuerzo; promover cursos de adaptación de los profesores al nuevo sistema; renovar los procesos administrativos escolares, estableciendo el principio de mayor respeto por las actividades educativas de los maestros; desenvolver relaciones más íntimas y constantes entre la escuela y el hogar — son estas, lo que nos parecen, las medidas a ser tomadas progresivamente.
La Pedagogía Espírita tiene que ser eminentemente vocacional. Por que el problema de las tendencias innatas corresponde a las exigencias de la propia evolución del espíritu y por lo tanto a su propio destino en la presente encarnación. Además de esto, las tendencias vocacionales significan mucho en el desenvolvimiento de las sociedades humanas y de la economía social. Los prejuicios consecuentes del desajuste de millones de individuos en la sociedad actual, engranados en actividades que no corresponden a sus habilidades naturales, constituye un desperdicio incalculable de tiempo y dinero, que seria evitado por el simple encaminamiento de cada individuo a su lugar correcto en el campo de las actividades sociales. Por otro lado, este ajuste educacional representaría gran economía de energías, ahorrando esfuerzos para la realización de tareas por profesionales oficialmente habilitados pero personalmente incapaces, y evitaría la pérdida enorme de tiempo y de recursos exigida por los desgastes y enfermedades provenientes de la inadaptación al trabajo. En el plano moral habría también enorme economía de buen ánimo, buena disposición, condiciones de optimismo y entusiasmo en el trabajo, que la situación actual no proporciona.
No son las escuelas espíritas las que promoverán estas transformaciones. Pero son ellas las que abren hoy esta oportunidad de ampliación de las dimensiones pedagógicas, según la ampliación natural que ocurre en las dimensiones de nuestra cultura y en el concepto del educando. Y será gracias a ellas, a las escuelas espíritas, que la Pedagogía Espírita podrá abrir esta nueva perspectiva en el plano pedagógico. No pretendemos que la Pedagogía Espírita domine al mundo, sino apenas que ofrezca al mundo esta visión renovadora de la Educación y del educando. Las grandes transformaciones culturales no se cierran nunca en un determinado círculo. En el conjunto estructural de una Sociedad y de una Civilización cabe a veces a una corriente de subestructura, como aconteció en el advenimiento del Cristianismo, la misión de abrir el camino nuevo.
La ampliación de las dimensiones de la Sociología implicará la renovación inevitable de las Religiones estáticas (según el concepto de Bergson) y abrirá la posibilidad de una unificación conceptual en el campo religioso. Sería así que el concepto espírita del educando se convertiría en el eje de un movimiento de transformaciones sustanciales del mundo, preparándolo para una fase de mayor comprensión humana donde la solidariedad de consciencias, prevista por Hubert, podrá efectivarse en la utópica República de los Espíritus. Los estudios de Mannheim sobre ideología y utopía nos mostraron la función orientadora de las utopías en el plano social y cultural. La utopía de Hubert corresponde a la del Cristianismo, referente a la implantación del Reino de Dios en la Tierra.
Vemos así que todo se encadena en este proceso histórico que se desenvuelve desde hace más de dos mil años en nuestro planeta. Kardec, el educador, el pedagogo, lanzó las bases de la Filosofía Espirita, de la cual surgiría forzosamente la nueva Pedagogía en la hora precisa, en el momento en que por todos lados sentimos la alborada de la era nueva. Las condiciones de desajuste educativo de la actualidad forzarán la aparición de las escuelas espiritas, como una forma exequible de solución para la crisis. Sería de esas escuelas, aún indiferentes al problema, que surgiría la posibilidad, en forma de necesidad urgente, de los esfuerzos para la elaboración de la Pedagogía Espirita. Todo dependerá de mucho trabajo, pero la evolución terrenal es trabajo de los hombres.
J. Herculano Pires
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