Pluralidad de los mundos habitados
Mientras el hombre se encamina hacia la Luna, estudiándola de cerca, nos conmueve pensar que la Doctrina Espírita se refería a la pluralidad de los mundos habitados, precisamente hace más de un siglo.
Importa señalar, además, que los venerables orientadores de la Nueva Revelación, guiando el pensamiento de Allan Kardec, le hicieron escribir la sabia declaración: “Dios pobló de seres vivos todos los mundos, concurriendo esos seres al objetivo final de la Providencia.”
Sabemos hoy que vivimos en la Vía Láctea —galaxia comparable a inmensa ciudad en los dominios universales. Esa ciudad posee más de doscientos millones de soles, transportando consigo planetas, asteroides, cometas, meteoros, aluviones de polvo y toda una infinidad de remolinos energéticos.
Entre esos soles está el nuestro, modestísimo foco de luz considerando que Sirio, uno de sus vecinos, presenta un brillo cuarenta veces mayor. Y acompañándolo nuestra Tierra, con todo el cortejo de sus orgullosas naciones, tiene la importancia de una “casa al fondo”, ya que si la Luna es nuestro satélite, el Globo que nos asila es satélite pequeñito de ese mismo Sol que nos sustenta.
Viajando la luz a la velocidad de trescientos mil kilómetros por segundo, gasta miles de años para atravesar de un punto a otro el continente galáctico en que residimos.
Mas las lentes telescópicas del hombre ya consiguen señalar la existencia de millones y millones de otras galaxias, más o menos semejantes a la nuestra, que se esparcen en la vastedad del Universo.
Hasta ahora, en esta breve nota nos referimos sencillamente al campo físico observable por los hombres encarnados, habituados, como es natural, al rayo reducido de la percepción que les es particular, sin que nos refiramos a las esferas espirituales más complejas que rodean cada planeta, así como cada sistema.
En ese criterio vamos fácilmente a encontrar en todos los círculos cósmicos, a los seres vivos de la aseveración de Kardec, aunque la instrumentación del hombre no los divise a todos. Ellos se desarrollan a través de inimaginables grados evolutivos, cabiéndonos reconocer que, refiriéndonos a la pluralidad de los mundos habitados, no se deberá olvidar la gama infinita de las vibraciones y los estados múltiples de la materia.
Así, tenemos en el Espacio Inconmensurable, mundos-cunas y mundos-experiencias, mundos-universidades y mundos-templos, mundos-talleres y mundos-reformatorios, mundos-hospitales y mundos-cárceles.
Saludamos, pues, el advenimiento de la nueva era en que el hombre físico, valiéndose sobre todo de la radio y del radar, del cohete y del cerebro electrónico, puede incursionar más allá de la Luna auscultando en régimen de limitación.
Es comprensible, en las franjas de materia en que psíquicamente se integra.
Y deseándole paz a fin de que prosiga en sus valientes y preciosas indagaciones, podemos asegurar que en todos los planos la conciencia vigilante a la luz de la razón y de la responsabilidad, sorprenderá siempre, como base de todo perfeccionamiento moral, el precepto de Cristo que pone “el amor a Dios y al prójimo» como el corazón de la vida, pulsando invariable en el pecho de la Justicia Divina que manda, en todas partes, conferir a cada uno según sus propias obras.
Religión de los Espíritus
FRANCISCO CÂNDIDO XAVIER
Dictado por el espíritu EMMANUEL
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