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Por qué los adultos se olvidan de que ya fueron niños

Lunes, 8 de Febrero de 2010 Dejar un comentario Ir a comentarios

Si hiciesen un poco de esfuerzo, ¿no las educarían mejor?

Los dos problemas: el de la educación en el hogar y el de la educación en la escuela giran en torno de un mismo eje. Los padres son los profesores en el hogar y los maestros son los padres en la escuela. Mucho más que un fenómeno biológico, la paternidad y la maternidad constituyen una relación psíquica y por lo tanto espiritual. El Espiritismo enseña y demuestra que los padres no generan al espíritu de los hijos, sino apenas sus cuerpos. El niño ya nace con el acervo personal de sus conquistas en el proceso evolutivo. Entonces, la tarea de los padres, como la de los maestros, es ayudarlos a integrarse, durante la presente existencia, en la posesión de ese acervo, y a enriquecerlo aún más.

Así, para que la educación se desenvuelva de manera armónica y eficiente es necesario la conjugación del hogar con la escuela, de los padres con los maestros. No será muyo fácil conseguir esto en el mundo de hoy, principalmente en las grandes ciudades. Pero hay un medio por el cual se pueden superar las dificultades actuales. Si los padres y los maestros se acuerden de que también fueron niños, si procuraren mantener este recuerdo en sus actividades en el hogar y en la escuela, la conjugación necesaria se hará naturalmente.

Educación afectiva

Los adultos se olvidan fácilmente de que ya fueron niños por que se encuentran integrados en un mundo diferente, el mundo de la gente grande. Este mundo de los adultos está hecho generalmente de ambiciones, temores, odios y violencias. Es un mundo hostil, muchas veces brutal. Los adultos se tornan criaturas prácticas, objetivas, eficaces — lo que quiere decir egoístas, secas, frías e insensibles. Si hiciesen algún esfuerzo para vencer esta frialdad mortal, acordándose un poco de la infancia, volverían a vivir y serían capaces de amor y ternura.

La Educación es un acto de amor, es la ayuda de las personas grandes para que los niños también puedan crecer. Los adultos sin amor no pueden educar. Por lo contrario, deseducan. A veces la escuela destruye la educación iniciada en el hogar, y a veces es el hogar que destruye la educación dada en la escuela. Si los padres son insensibles, el niño será infeliz, carente de amor. Si los maestros son estúpidos, el niño le temerá a la escuela. Pero lo peor de todo es la indiferencia, la frialdad. Padres y maestros que miran hacia los niños con ojos de momias, de rostro impasible, son verdugos ejecutando víctimas inocentes. Queman estas plantitas tiernas, que son los niños, como un sol ardiente encrestando las siembras en el campo.

Los niños necesitan de afecto, de cariño, de atención. La naturaleza humana es diferente de la naturaleza animal. No se puede ni se debe querer domesticar a un niño como si fuese un cachorrito, domarlo como si fuese un potro. Cada niño es una inteligencia despertando hacia la vida, y más que esto, es una consciencia que desabrocha. Esta inteligencia y esta consciencia precisan de aceptación y comprensión, puesto que de lo contrario se resecan, se tornan amargas, rebeldes y malos. Los animales no pueden ser domesticados solo con violencia.

J. Herculano Pires

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