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Conclusiones

Lunes, 8 de Febrero de 2010 Dejar un comentario Ir a comentarios

Ahora, hermano mío, que debo terminar esta carta, te envío un afectuoso abrazo, esperando que mi experiencia pueda ser útil a tu corazón.

No te creas, dentro de la vida, como alguien que nunca prestará cuentas de los actos más íntimos.

Todo lo que practicamos, Dirceo, permanece grabado en el libro de la conciencia.

El bien es la sementera de la luz, portadora de cosechas sublimes de alegría y paz, mientras que el mal nos ennegrece el espíritu, como la tinta oscura que mancha los blancos cuadernos escolares.

Escucha la palabra esclarecedora de nuestros padres, los primeros amigos que la Bondad Divina colocó a las puertas de nuestra vida terrestre, y nunca desprecies los buenos consejos recibidos. Nuestra naturaleza, casi siempre, reclama ternura y comprensión de los que nos rodean, pero nuestra necesidad de preparación espiritual exige lucha y contrariedad. No siempre aprendemos lo necesario, recibiendo demasiadas caricias. Por eso mismo, en la mayoría de las ocasiones, necesitamos del socorro de advertencias más fuertes.

No seas, pues, rebelde a la orientación del hogar.

En resumen, Dirceo, sé bondadoso, fraterno, aplicado en el estudio y en el trabajo. Conserva amistad sincera a los libros. Hazte amigo servicial de todas las personas, aun cuando no puedas ser comprendido inmediatamente por ellas.

No seas incrédulo de la buena simiente, aunque la germinación sea tardía.

No maltrates ni persigas a los animales útiles o inofensivos. Es muy lamentable la actitud de todos aquellos que convierten la vida terrena en un instrumento de perturbación y destrucción para los más débiles.

Sé bueno, Dirceo, profundamente bueno, sincero y leal. Y cree que todos tus actos nobles serán grandemente recompensados.

Ahora, mi querido hermano, debo terminar.

Besa por mí a mamá y a papá. Estoy seguro de que un día nos reuniremos, de nuevo, en el Gran y Bendito Hogar, sin lágrimas y sin muerte.

Hasta entonces, conservemos, por encima de todos los dolores e inseguridades, nuestra fe viva en Dios y nuestra suprema esperanza en el destino.

Adiós.

Recibe muchos recuerdos de tu afectuoso – CARLOS.

ORACIÓN

Señor mío, Sabio de los sabios,

Padre de toda la Creación,

Pon la dulzura en mis labios

Y la fe en mi corazón.

Sol de amor que me conduce,

En la vida en que me agasajo,

Llena mis ojos de luz

Y mis manos de trabajo.

Dame fuerzas en el camino,

Para luchar y vencer,

Transformando todo espino

En flores de mi deber.

Padre, no Te olvides de mí,

En las bendiciones de la compasión,

Guárdame en Tú corazón

De paz y de amor sin fin.

(Extraído del libro “Jardín de Infancia”, del Espíritu Juan de Dios, recibido por el médium Francisco Cándido Xavier.)


FRANCISCO CÁNDIDO XAVIER

Por El Espíritu NEIO LUCIO OBRA MEDIÚMNICA RECIBIDA

POR FRANCISCO CÁNDIDO XAVIER

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