Las Prédicas y las Parábolas de Jesús
El Sublime Peregrino.
Pregunta: ¿De qué forma pregonaba Jesús al pueblo?
Ramatís: Jesús fascinaba a las multitudes con sus pregonaciones hermosas y fluidas, pues era una persona insensible a los afectos superficiales y no utilizaba artificialismo alguno para resaltar su oratoria. Jamás se preocupaba en impresionar al auditorio por la elocuencia rebuscada, como es natural entre los oradores del mundo profano. La esencia espiritual de sus palabras provocaba una suave y consoladora alegría en aquellos que lo escuchaban. No acostumbraba a dramatizar los acontecimientos, ni sacrificaba el contenido sencillo de sus lecciones para resaltar como un puñado de vocablos familiares exponía el esquema de una virtud o revelaba el estado del espíritu angélico. Jesús hablaba con naturalidad, sin la proverbial altilocuencia que poseían los evangelistas, como si estuviera en el acogedor hogar de un amigo. Su voz dulce y comunicativa extasiaba a los oyentes; les penetraba el alma y los embargaba de suave euforia espiritual.
Pregunta: Jesús, ¿qué medio de locomoción utilizaba para llegar a los lugares prefijados, donde debía dictar sus palestras evangélicas?
Ramatís: Al comienzo, Jesús recorría Galilea sin alejarse mucho de Nazaret, llegaba hasta Cafarnaum o descendía hasta Samaría sin atravesar el Jordán o el mar de Galilea. Sus discípulos lo cuidaban muchísimo y en todo momento trataban de preservarlo del sol, cubriéndole la cabeza con un pañuelo grande de seda como era costumbre en el lugar. Algunas veces cabalgaba en un burro o muía dócil, sentado sobre una almohada tejida por alguna cariñosa mujer, fiel seguidora de sus ideas. En general, acostumbraba a realizar sus oratorias al atardecer cuando el poniente se irizaba de colores, pues gustaba aliar al efecto policrómico de la dirigir la palabra desde la cima de las pequeñas colinas, mientras sus discípulos, amigos y fieles se acomodaban a sus pies, embebidos en la dulce enseñanza del mensaje, donde les anunciaba el tan esperado “Reino de Dios”. Otras veces, se dirigía hacia la villa más próxima, haciendo venturoso el hogar donde se hospedaba, participando de la modesta cena y conmovía el corazón de los dueños hospitalarios con palabras de ánimo, alegría, consuelo y esperanzas para el futuro.
Las mujeres y los niños lo rodeaban con particular afecto, pues la ternura emanada de Jesús era como un sedativo para las almas simples y buenas. Agasajaba a los niños con profundo sentimiento de amor, despreocupado de causar efectos favorables en la mente de sus hospitalarios dueños. Siempre veía en los niños el símbolo del ciudadano del “reino de Dios”, pues con sus risas abundantes, travesuras inocentes, reacciones espontáneas y sinceras reproducían las virtudes naturales del hombre sublime. También era su costumbre tratar con cariño a las aves y animales, pues no tardaba en curvarse hasta el suelo para ayudar al reptil o al insecto venenoso a fin de apartarlos del camino para que no fuera pisado. Espontáneo y sincero, indiferente a las críticas y a la opinión pública, sus gestos, palabras y actos no afectaban a nadie, pues reflejaban claramente su espíritu angélico, incapaz de cualquier sofisma o capciosidad.
La casa que Jesús frecuentaba era invadida rápidamente por los vecinos; las criaturas se aglomeraban en las puertas y ventanas, ávidas de escuchar al rabí de Galilea sus magníficas parábolas, de enseñanza simple y comprensible hasta para los niños. La Paz del Señor posaba sobre el techo del hogar donde él pregonaba la “Buena Nueva” llena de esperanzas y amor, que conmovía hasta los corazones más endurecidos. Las madres corrían a imbuidos de intensa fe; o provocaba súbitamente, la manifestación de remordimientos, lamentos angustiosos o delitos que se habían conservado íntimamente. El Divino Rabí posaba su mirar complaciente sobre aquellos seres, y aconsejaba a los ladrones que devolvieran lo robado; a las mujeres de vida dudosa, que redimieran sus pecados y a los criminales endurecidos, que vencieran sus instintos crueles. Fortalecía las virtudes en los buenos y la conducta superior en los disciplinados; infundía su fuerza angélica a. todos, redimiendo e incentivando transformaciones morales que prolongaban las llamas del buen vivir en las personas sensibles, engrosando de esa forma las filas de su corte mesiánica.
Pregunta: Cierta vez nos habéis dicho, que en la época de Jesús estabais encarnado, y en vuestro viaje a la Hebrea, conocisteis personalmente al Maestro. ¿Nos podéis decir algo respecto a vuestra experiencia personal junto al Maestro Jesús?
Ramatís: Aunque nuestra afirmación no sea una prueba irrefutable para vosotros, sino, una especie de enunciado de confianza; sin embargo gozamos íntimamente cuando tuvimos ese encuentro personal con el Maestro en Palestina, pues nosotros hacíamos parte de cierta escuela filosófica deque él pregonaba entre judíos y paganos. Cuando lo encontramos, usaba una túnica de esmerada blancura y un manto azul Bajo un bosquecillo de cipreses había una piedra que ofrecía bastante comodidad, donde el Maestro se ubicó y levantando la vista, observó cuesta abajo a la gran multitud que esperaba sus palabras. Su alma parecía el dorado de los campos sembrados de trigo, agitando su cabellera en contraste hermoso con el verde del valle Jordán. Todo se encontraba engalanado, pues era el aire primaveral que revivía hasta las cosas más inverosímiles, puesto que desde los troncos podridos surgían pequeñísimas florcitas de variadas tonalidades. El paisaje estaba saturado de belleza, colores y luces, pues sería muy difícil encontrar un panorama tan fascinante como el de Galilea, donde las flores y el perfume extasiaban.
Alejandría 2. Por eso, conocimos algunas enseñanzas de la “Buena Nueva” y del “Reino de los Cielos”
2 Nota del Médium: Ramatís formaba parte de cierta escuela iniciática de Alejandría, donde se enseñaba a conocer la contextura del hombre inmortal.
Jesús extendió su mirar sereno sobre la multitud, mientras Juan le alcanzaba el pañuelo largo (chai) utilizado para rezar, pieza muy tradicional entre los galileos, con el cual se cubrían la cabeza. En seguida bendijo al gentío silencioso y comenzó a hablar pausadamente, pero haciendo resaltar las frases e imágenes que definían sus ideas, mientras sus oyentes se sentían contagiados de sublime emoción. El poder verbal de Jesús era inmenso, pues impresionaba muchísimo a quienes les hablaba, terminando por embeberse con su maravilloso néctar verbal. Su voz era pausada, llena de dulzura y de cristalina sonoridad, jamás escuchada por nosotros, las palabras vibraban en el aire cual manto armonioso que envolvía a los presentes hipnotizados. Espíritu equilibrado y de visión amplia, sus palabras se ajustaban herméticamente al pensamiento enunciado, consiguiendo despertar emociones, cuyo eco quedaba vibrando para siempre en el alma de sus oyentes.
Las manos del bondadoso Rabí, eran cuales batutas mágicas, pues en sus pregonaciones se acompañaba con suaves gestos, pareciendo mansas palomas que configuraban en el espacio los contornos del pensamiento y avivaban sus palabras amorosas. En aquel día que le conocimos, el Maestro explicaba la parábola del “Sembrador” 3, dado que acostumbraba a pregonar las enseñanzas conforme al ambiente y circunstancias para que fueran más fáciles de entender 4. Escogía cada parábola de acuerdo al tipo del auditorio, pues su elevada intención era ofrecer soluciones a los problemas de orden moral y social para quienes lo escuchaban. Eran enseñanzas sencillas y expuestas en ambientes tranquilos, muy parecido al de los Esenios y Pitagóricos, pero afirmados en el conocimiento de la Ley del Karma y en el proceso de la Reencarnación. Ramatís, en aquella época, fue un filósofo bastante conocido, pero no estamos autorizados a decir quién fue.
3 Mateo, XII, vers. 1 y 23; Marcos, IV. vers. 1 y 20; Lucas, VIII, vers. 4 y 15.
Jesús conmovía hasta las lágrimas cuando explicaba lo acontecido al sembrador que arrojó las semillas en el duro suelo, en la roca, en la tierra árida; pero finalmente obtuvo éxito en el terreno fértil. El lugar escogido para esa prédica era magnífico, pues además de los nardos del campo, del color rojizo de las amapolas y de las anémonas safirinas, liláceas y amatistas que daba intenso color a la planicie de Genesaret, completaba el cuadro la superficie esmeraldina del mar de Galilea. Jamás olvidaremos la vehemencia y la fe con que Jesús enunciaba sus enseñanzas, aún prematuras, entre los judíos, subordinados a su dogmática y mosaísta creencia. La gente de Galilea, ruda e ignorante, pero dotada de sentimientos compasivos se sublimaba ante la prédica de su Rabí porque vivía en sí mismo aquello que enseñaba. No era un sistema político, ni filosófico; pero sí, una doctrina moral y religiosa que tocaba el corazón y pedía la aprobación del sentimiento, mucho antes que el raciocinio de la mente. Cuando regresamos a Alejandría y consultamos a nuestros Mayores Espirituales respecto a las actividades del Rabí Jesús, que tanto nos había impresionado, todos ellos fueron unánimes en confirmar, que a pesar de su aparente insignificancia para aquella época, en realidad, era el mayor de los revolucionarios espirituales que habían descendido a la tierra para sintetizar las enseñanzas de sus precursores y redimir a la humanidad.
Pregunta: ¿Por qué el Maestro Jesús prefería explicar su doctrina a través de las parábolas?
Ramatís: Ciertas tribus de Judea y alrededores con las cuales Jesús había tomado contacto, se entendían entre sí por medio de parábolas. El Maestro, inteligente e intuitivo percibió que esa expresión verbal era un perfecto vehículo para enseñar su doctrina a los hombres de su época, y que podía sintetizarse armoniosamente para la humanidad del futuro. La parábola es el medio apropiado para los fines de comparación; y Jesús comenzó a emplearla para despertar la mente de las personas simples y sin cultura académica. Era un apasionado para analizar los fenómenos de la naturaleza, y los comparaba con loa acontecimientos de la vida humana. Le daba forma a las cosas que parecían vivas, manteniendo entre las mismas una estrecha relación, como si la tierra fuera la antesala del cielo, donde el hombre prematuramente debe limpiar sus sandalias. Sus principios elevados, los formulaba a través de la correlación de las parábolas y de las cosas animadas e inanimadas, las que acrecentaba con el sublime toque de poesía espiritual. Entonces, los hombres lo comprendían fácilmente, pues Jesús mencionaba en sus ilaciones filosóficas, la caída de una hoja, el murmullo del arroyuelo, la mansedumbre de la paloma, resaltaba la ineficacia del tesoro enterrado, o la modesta semilla enterrada en el suelo. Le auscultaban el pensamiento antes que pudiera llegar a la conclusión moral o filosófica de lo que estaba manifestando; se embebían ante la belleza y la fuerza de las imágenes que sabía componer en simbiosis con el encanto de la naturaleza. Los acontecimientos graves y los hechos complejos asumían tonos de ternura y afección familiar, que cautivaban bajo la fuerza imperiosa del buen sentido.
A través de la parábola, Jesús narraba y ofrecía admirables lecciones de moral superior, que podían ser entendidas en cualquier época y latitud de la vida humana. Sabía modelar las frases y eliminar lo trivial, lo inicuo o acontecimiento de elevado fin espiritual. En las parábolas ponía en juego toda su táctica e inteligencia, pues los insignificantes fenómenos de la naturaleza transfundíanse en la fuerza de un símbolo cósmico. Su enseñanzas se encuentran repletas de comparaciones simples, pero ligadas a la vida común de los seres, que aún después de tantos siglos son verdaderos y definitivos conceptos, constituyéndose en base de inmortal encantamiento para la redención humana.
4 Nota de Ramatís: Cuando Jesús hablaba a los campesino?, exponiéndoles la parábola del sembrador, del grano de mostaza, del yuyo y del trigo; los pescadores se referían a la parábola de los peces. Cuando estaba en un banquete o fiesta, hablaba de los talentos, de los tesoros enterrados; cuando lo haría entre negociantes y especuladores, citaba la parábola de la “perla de gran valor”, del “acreedor sin compasión” o, la de “los” y entre los religiosos, la historia del “publicano y el fariseo”.
Los proverbios, los aforismos y los adagios de sentido común de algunos pueblos y tribus, bajo el quimismo espiritual de Jesús servían de enseñanza eterna; eran frases que se mecían bajo la suave brisa de su Amor y penetraba a fondo en el alma de los hombres. Simples conceptos y máximas de aldeanos, se realzaron como inalterables principios filosóficos; el modo peculiar de ciertos humanos para entenderse entre sí, se transformó en un proceso de análisis y revelación en favor de un mayor entendimiento sobre la vida eterna. La fuerza creadora del Ángel y el excelso sentimiento de un Santo, conjugados a la sabiduría cósmica del Sabio, eran los únicos capaces de modelar los preceptos eternos, bajo la modestia de las palabras insignificantes. Aquí el diminuto grano de mostaza, sirve para explicar la Fe que transporta las montañas y crea los mundos; allí, la parábola del talento enterrado advierte al hombre sobre la responsabilidad del mecanismo de la vida y de la muerte; acullá, el yuyo y el trigo simbolizan la selección y división profética de los “buenos” y “pecadores” en medio de la humanidad. En fin, las parábolas fueron el maravilloso recurso que utilizó Jesús para a justar el pensamiento avanzado y transmitirlo en forma práctica a sus contemporáneos. Ofrecen un tono de respeto, sensatez y noble significado moral en el sentido de llamar a la reflexión sobre la Verdad, que debe ser el fundamento de la vida eterna del Espíritu.
Pregunta: Jesús, durante sus prédicas evangélicas a sus contemporáneos galileos, ¿recibió el apoyo y adhesión necesaria?
Ramatís: Las épocas cambian, pero los hombres siempre son los mismos, porque la tierra es una escuela de educación primaria cuyos espíritus ni bien aprenden el A-B-C, serán substituidos por otro contingente de almas analfabetas y portando las mismas condiciones espirituales de los recientemente aprobados. Además, Jesús manifestó con cierta tristeza, que «había venido para los suyos y ellos no lo reconocieron», justificando perfectamente el aforismo: «el santo de casa no hace milagros», como volvería a suceder hoy si tuviera que descender a la tierra para cumplir tareas semejantes. Cuando el Maestro comenzó su trayectoria mesiánica, fue el blanco de los entusiasmos y habladurías, de respeto y sarcasmos, de elogios y censuras, de admiración y hostilidad. Los gozadores, egoístas y los hipócritas de todos los tiempos también estaban presentes en su tarea de liberación espiritual, y sin dudas que si hubiera una «segunda venida» los volvería a encontrar. Los irreverentes de la época consideraban a Jesús un individuo hábil, experto y talentoso, que seducía a las mujeres jóvenes y usufructuaba la fortuna de las viudas ricas. Las risas capciosas, los dichos punzantes, el sarcasmo y la censura circulaban a su alrededor desafiando su tolerancia y resignación. Entre los que le seguían se encontraban los pusilánimes, traidores y aprovechadores, como suele suceder en los movimientos políticos y en las revoluciones sociales. Para la mayoría de los maledicientes Jesús no pasaba de ser un profeta de los vagabundos, pues la perfidia, como veneno de la serpiente, se renueva a cada mordedura y lograban infiltrarse entre sus discípulos y simpatizantes. Los débiles se apartaban temerosos ante la primera amenaza del Sanedrín, y los interesados desistían porque el movimiento cristiano no era un suceso- financiero.
Algunas veces, cuando Jesús aparecía en la curva del camino principal, los hombres del pueblo, viudas, mujeres de todas condiciones sociales y pescadores lo rodeaban alegremente, entonces, los viejos rabíes aumentaban su cólera recibiendo al Maestro con apodos y vituperios. Le cerraban las puertas de las Sinagogas cuando pasaba delante de ellas, como protesta elocuente por sus ideas, que pretendían contradecir los preceptos de Moisés a cambio de aforismos y enseñanzas subversivas, incompatibles con la religión del pueblo. Eran viejos sacerdotes, sometidos a las reglas de los ortodoxos manuscritos, que no trataban de reconciliarse con la expresión talentosa y liberal de Jesús. Sus protestas seniles combatían la idea inmortal que aparecía a la luz del día bajo la palabra mágica del joven pregonador de Nazaret.
Desesperados, manoseaban nerviosos en el recinto de la Sinagoga los grandes y envejecidos pergaminos para justificar sus prédicas ortodoxas y el dogmatismo de sus vacías palabras. Los fieles entraban y salían del lugar tan ignorantes como la vida que vivían, a semejanza de los creyentes modernos que hacen de los templos religiosos, exposiciones de moda, o simple demostración de fe para guardar apariencias en público. El rabí Jesús era portador de ideas revolucionarias, puesto que explicaba la existencia de un Dios, incompatible con la obstinación, el fanatismo y las especulaciones religiosas de los judíos. Era la subversión de las costumbres religiosas y tradicionales del pasado, hasta la abdicación de la virilidad judaica, pues llegaba aconsejar la “no violencia” contra los romanos.
Por eso, algunos de sus parientes, vecinos y amigos, aliándose a los que tenían interés en prolongar una situación de utilitarismo personal y encubiertos por una falsa religiosidad, tampoco veían con muy buenos ojos que Jesús pregonara en forma tan liberal, desprendido de los preconceptos milenarios. Además, contrariaba el tradicional e íntimo recogimiento del santuario, dado que pregonaba abiertamente en público, junto a los montes, a los lagos, debilitando el poder religioso y la fuerza sacerdotal centralizados en los dogmas religiosos. La naturaleza era su única iglesia, pues tanto pregonaba en la cima de una montaña, bajo los frondosos árboles, a la orilla de los ríos y de los lagos, como en la popa de los barcos de pesca. Sus sermones eran claros, simples y sin misterio, cosa que tampoco agradaba a los sacerdotes que en forma nerviosa, desde los pulpitos agitaban la atmósfera de las sinagogas con los berridos de una altilocuencia deliberada sobre el público. Era un contrasentido, que un joven sin los aparatos sagrados y ajeno a los ciclos educativos sobre los conceptos mosaístas, en vez de contentarse con la modesta función de un rabí peregrino que sólo debía exponer soluciones pequeñas entre el pueblo, se dedicara a minar las bases del Tora, sustituyendo temas, preceptos y reglas dictadas por el gran legislador, que fuera Moisés. Su papel de rabí se limitaría a explicar solamente y con claridad, los conceptos de la religión dominante, pero sin deformarlos o desmentirlos. Además, Jesús debilitaba el “misterio” de la religión que algunos hombres, astutos como el zorro, evitaban explicar al pueblo ignorante y tonto. Enseñaba fácilmente, exponía en público las delicadas facetas de la especulación iniciática de los templos y los complejos tabúes se transformaban en juegos de niños. Comprender la inmortalidad era fácil para el pueblo laborioso e inculto, puesto que Jesús evitaba las argumentaciones teológicas o las exhortaciones áridas y quilométricas, ni aducía cuadros ostensibles para valorizar su oratoria.
Describía el “reino de Dios” con palabras e imágenes al alcance de la gente sencilla; eran símbolos de la vida humana, con claras y precisas comparaciones que contentaban a todos por igual. Aquí citaba el grano de mostaza, la espiga dorada, el trigo y el yuyo; allí, los talentos enterrados, la levadura que levanta la masa, la perla de gran valor, la red y la pesca; acullá, sus lecciones, apólogos y aforismos giraban alrededor del hijo pródigo, de las bodas del hijo del Rey, del buen Samaritano, del rico y de Lázaro, del juicio inicuo, de los siervos inútiles o de los trabajadores de las viñas. Todo era muy claro, incisivo y conmovedor, fácil de ser divulgado por los iletrados y comprendido por los más obtusos. Pero, repetimos, todos no aceptaban a Jesús a pesar de su gentileza, ternura y sublimidad, pues en aquella época, los intereses humanos, tal como sucede hoy también, dividía a las personas conforme a sus objetivos egoístas o pasionales. El reino que el Maestro pregonaba, pedía al comienzo, abdicación de los intereses egoístas y al utilitarismo del mundo; insistía en la humildad, en la cesión de los bienes en favor de los necesitados, cosa imposible de ser aceptada por los ávidos, cupidos y especuladores, enemigos milenarios de cualquier reforma social. Además, no era la totalidad de los galileos los que se sometían a las enseñanzas de Jesús, pues había una buena parte, que no deseaban perder sus intereses, por eso, no se integraban al contenido evangélico que escuchaban.
Pregunta: Sin embargo, nosotros suponemos que si el Maestro Jesús hubiera ejercido alguna función prosaica, no se hubiera dedicado con tanta eficiencia en su doctrina y programar las peregrinaciones. ¿No es verdad?
Ramatís: El pueblo judío consideraba a sus rabíes como una institución tradicional y necesaria para solucionar millares de dudas y problemas que surgían a cada paso entre los polemizadores y aprendices. Ellos atendían las ansiedades espirituales públicamente, daban buenos consejos, justificaban compromisos, el sometimiento a las reglas y la ineludible sumisión religiosa. Por eso, no se indisponían con nadie y eran ayudados económicamente por el pueblo judío. El caso de Jesús, era distinto, pues su ministerio daba lugar a protestas, ironías, críticas e irascibilidades en determinadas clases, porque sus enseñanzas no se ajustaban a la tarea común de los rabinos peregrinos, pues trascendía valerosamente la religión imperante, sacudía a a los remisos y alertaba al pueblo sobre las especulaciones y fantasías del sacerdocio astuto. El rabino Jesús no seguía la línea doctrinaria de Moisés, sus consejos eran invitaciones excéntricas que abatían al espíritu viril e indomable del judío en su fe, y además adormecía el odio imperante contra los romanos.
La región de Galilea era pródiga y ofrecía a todos sus habitantes el máximo de hermosura, encanto y sustento fácil. Los golfos y los lagos de Palestina poseían enormes cantidades de peces, sobre todo el lago Tiberíades. El pueblo vivía principalmente de la pesca y hacían con el pescado una gran cantidad de platos alimenticios, además de guardar una y se desenvolvía con gran facilidad, la apicultura, además de la industria de la mermelada de higos, duraznos, cerezas, naranjas y peras, mientras que el preparado casero era variadísimo. El pan de centeno, de trigo o de miel abastecía la despensa de los pobres, y las mujeres perseverantes y trabajadoras, producían con mucha facilidad otros medios de alimentación. No se observaba la necesidad angustiosa de las familias pobres de las ciudades modernas, donde la moneda ganada con mucha dificultad no alcanza para la modesta comida diaria. Entre los galileos, la recíproca hospitalidad era un deber sagrado; había un constante flujo de visitantes y cuando alguien tenía dificultad, recurría a quienes estaban bien provistos, pasando a sustentarlo hasta-que tuviera mejores días, sin tener apremios ni exigencias económicas. Así, el beneficiado quedaba con la obligación de atender en el futuro, a otro semejante necesitado, compensando los favores recibidos. Los presentes, los intercambios y los préstamos eran cosas comunes, pues para aquella gente el sentimiento fraterno y la preocupación de servir al prójimo era una cosa casi general.
De ese modo, Jesús no hacía falta junto a la familia, ni su inactividad era motivo de perjuicio o censura para la comunidad de Nazareth. También es necesario puntualizar, que el Maestro Jesús no incitaba a los hombres que admiraban su doctrina para que dejaran sus hogares, a fin de acompañarlo en dispuesto todo lo necesario para sus familias durante su ausencia, que duraba muy pocos días. Jesús, como un rabí peregrino atendía solícito a toda esa gente, pues debía elucidar muchas ansiedades espirituales que aún se encontraban entorpecidas por la religiosidad fanática. Tanto el Maestro como sus seguidores, se contentaban con las migajas que sobraban en las mesas, mientras que vestían con extremada sencillez, pero jamás pesaban en la economía del hogar donde paraban. Eran frugales en la alimentación, como verdaderos cultores de una virtud del “reino de Dios”, y ajenos a cualquier objetivo que no fuese su tarea mesiánica. Se preveía con anticipación los días que el Maestro y su comitiva estarían fuera de la ciudad y la homogénea colectividad providenciaba los medios necesarios, para que los viajantes no sufrieran necesidades, en lo tocante a los alimentos y hospedajes. También hoy se repite esa disposición emotiva y espiritual entre los espiritas, cuando ofrecen cálido acogimiento a los oradores, que siembran la “Buena Nueva” del Espiritismo.
Cuando se programaban esas giras, se multiplicaba la pesca, el cocimiento de panes, se preparaba mayor cantidad de conservas, se horneaban bizcochitos, se hacían cantidades de bebidas en base a jugos naturales de frutas, como naranjas, ciruelas, duraznos, manzanas y el dulce jugo de cerezas. Era una fiesta emotiva para ese pueblo que poco conocía de esos raros acontecimientos. Las mujeres trabajaban alegremente para cooperar y divulgar la Buena Nueva ofrecida por el profeta de Nazaret. Se confeccionaban verdaderos y delicados equipos para las peregrinaciones un poco prolongadas; uno o más burros seguían a la retaguardia de los viajeros, conduciendo las provisiones para el sustento general. El cariño y la alegría confraternizaban a todos, puesto que eran muy felices por la oportunidad de participar activamente en el advenimiento de la doctrina cristiana.
En base al espíritu hospitalario y solidario que predominaba entre la mayoría de los judíos de la época, Jesús, sus discípulos y seguidores terminaban por distribuir gran parte de sus provisiones a los desheredados que encontraban en el camino, comprobando el afecto cariñoso y gentil de la caridad y el amor al prójimo, aun latente en el seno del Cristianismo. Los leprosos que habitaban en las grutas y cuevas al lado de los caminos, eran visitados constantemente por los pregonadores de la nueva creencia, recibiendo alimento, vestidos y la palabra amiga y confortadora del amoroso rabí. Cuando regresaban eufóricos y felices a sus hogares, con el alma satisfecha por el alimento espiritual recibido, los esperaban con la bienvenida que les tributaban sus felices familiares. Los que iban quedando a la retaguardia cuidaban de las cosas prosaicas de la vida, y se daban por muy satisfechos y felices por haber participado humildemente de la obra mesiánica del Maestro Jesús.
En los relatos evangélicos es posible comprobar la afabilidad que existía y unía a los apóstoles y familiares, que aumentaban constantemente por la adhesión de otros parientes y amigos; pero el Maestro era el primero en no permitir sacrificios ajenos, pues en su profunda honestidad, naturaleza mística y generosa se sentía el único responsable por los sacrificios que la pregonación del Cristianismo demandaba. Administraba con tanta sabiduría su tarea mesiánica, que la misma historia religiosa nos habla del orden, disciplina y obediencia que reinaba entre Él y sus discípulos, proponiendo soluciones y sugiriendo providencias que no contradijeran el buen sentido.
Pregunta: Considerando que Palestina era una tierra pródiga en profetas donde se pregonaba toda clase de credos, incluso se provocaban conspiraciones religiosas, ¿por qué Jesús sobrepasó a todos, aunque pregonaba una doctrina bastante prematura para la época?
Ramatís: El principal atractivo de las prédicas de Jesús, era su admirable explicación sobre un Dios magnánimo, justo, afectivo y casi humano, que amaba a sus hijos, como lo haría el padre más amoroso de la tierra. El estilo de Jesús era simple, afectivo y convincente, extremadamente comunicativo; no intentaba convencer a su público a través humana. Les explicaba las premisas encantadoras del mundo celestial y las posibilidades que cada uno tenía para ser feliz. Sus palabras eran suaves y nítidas, pues quedaban grabadas en la mente de sus atentos oyentes. En sus prédicas, casi era un narrador de historias brillantes, pero de sugestivo colorido; era un peregrino que comentaba las delicadas y atractivas cosas que se desconocían y que pertenecían a un mundo lejano. Los minutos y las horas transcurrían aceleradamente y aquella aglomeración’ de gente esparcida por la pendiente llena de flores, quedaba inmóvil, sin hacer gesto alguno que pudiera distraer la atención, prestando atención a la musical voz del querido Maestro Galileo.
Jesús no cansaba al pueblo con prolongadas pláticas, de palabras oscuras, pesadas o sibilinas; exponía sentencias cortas, historietas breves y comúnmente las famosas parábolas, que tanto fascinaban al auditorio. Los encantados oyentes se embebían en las enseñanzas en un silencioso “suspenso” que estaba impregnado de imágenes comunes y naturales de la claras y objetivas que no agotaban el cerebro de sus oyentes menos preparados. Todavía no conocemos profeta alguno que llegara a apasionar mundo Tierra había recibido a innumerables sabios, profetas, instructores y líderes religiosos, que dejaron huellas luminosas en los empolvados caminos; pero sólo Jesús había penetrado íntimamente en los corazones de las personas. Su “Buena Nueva” era un bálsamo, porque describía con tal acierto y sinceridad el maravilloso reino del Señor esperando a los infelices, tristes, pobres y enfermos, que hasta los afortunados llegaban a impresionarse, temerosos de quedar fuera de los muros de esa encantadora ciudad. Así como el estatuto regula la conducta moral y disciplina los movimientos de sus asociados en las instituciones recreativas, Jesús también estatuyó la forma de cómo debían comportarse los ciudadanos en el “Reino de Dios”, especificándoles las virtudes a desenvolver para lograr pronto éxito. De ahí parte la fuerza renovadora del “Sermón de la Montaña” cuando bendecía a los pobres y misericordiosos, a las víctimas, perseguidos y también a los pacíficos, proclamándolos como ciudadanos felices del reino que había venido a pregonar.
Su voz penetraba como gotas refrescantes en los corazones de los sufrientes y sus oyentes se reanimaban ardiendo de entusiasmo y ventura, ante la sencilla pero eficaz sugestión recibida. Era una gracia, una dádiva prometida por aquel profeta que no mentía, no engañaba y había hecho votos de renuncia a las cosas valiosas y atractivas del mundo terreno, porque acostumbraba a decir: “que el Padre le había dado todo lo que deseaba poseer”. Los galileos eran pobres, pero vivían satisfechos, ya sea por el panorama que los rodeaba, como por la facilidad de la abundante pesca que los sustentaba sin problemas de ninguna especie. Eran sencillos en el vestir, y dado el clima tan benigno los hacía vivir totalmente felices. Por eso, confiaban en todo lo que Jesús les manifestaba, ya que eran cosas claras, objetivas y posibles de alcanzar en la vida que llevaban.
La desaprensión que los dominaba por las circunstancias favorables del medio tan generoso, los predisponía para los fines perseguidos por el Maestro; por eso, vibraban intensamente con los cuadros que les mencionaba en sus pregonaciones. Era una deliciosa invitación hacia el reino prometido, donde había un Dios excesivamente amoroso, un Señor que acrecentaba las alegrías y favores de sus súbditos sin exigirles ofrendas, compromisos y tasas religiosas insoportables. Era fácil ingresar a ese reinado de felicidad, pero primero debían aprender en la tierra a liberarse de las riquezas, del orgullo, vanidad, codicia, maldad, de la ira y de la envidia. Si bien el hombre debía hacer hercúleos esfuerzos para adquirir los bienes del mundo, encontraba mucho más fácil abandonarlos y podía con cierta facilidad controlar los ataques de orgullo y de ira. El profeta de Nazaret .pedía muy poco y ellos vivían casi todo lo que él les solicitaba. Les amenizaba la vida enseñándoles a ser venturosos en medio de la pobreza y el sufrimiento; les ofrecía justas compensaciones ante las vicisitudes y la justicia de Dios, y todo lo demás os será dado por añadidura” 5.
5 Ese tema propuesto por Jesús está muy bien detallado por los siguientes evangelistas: Mateo, Cáp. VI, vers. 19, 21, 24 y 34; San Lucas, Cáp. XII, vers. 22, al 34.
Pregunta: Lo que nos sorprende mucho, es el silencio que guardan los historiadores profanos respecto a Jesús, ya que su movimiento abarcaba casi la totalidad de la población judaica, esencialmente a los pobres.
Ramatís: La Buena Nueva pregonada por Jesús atraía a las multitudes, a pesar de los pesimistas y sarcásticos que juzgaban de fantasioso al pregonador, y que además caminaba infructuosamente por los caminos de Palestina, intentando realizar una vez más, la tarea comenzada por otros precursores, pero que no tenía fuerza para modificar al pueblo y al Clero judío. Sin embargo, el Maestro no necesitó de la ayuda de la historia profana para llegar hasta nosotros, por una razón simple e incontestable, su doctrina y pregonación no estaba destinada a las formas del mundo transitorio, ni destacaba los valores que se clasificaban en las tablas convencionales de la sociedad humana. Era un mensaje de quilate espiritual, dirigido al sentimiento del espíritu encarnado; le reavivaba las virtudes, las cualidades y los poderes ocultos, latente en la intimidad de su esencia divina. Jesús estimulaba en lo profundo del corazón humano el sentimiento angélico, de origen celestial, pues reiteradas veces decía: «el hombre fue hecho a imagen de Dios» y el «Creador y la criatura son uno».
No tiene importancia que la criatura humana no haya mencionado en la historia terrena el pasaje de Jesús de Nazaret, el Mesías tan esperado, pues sus amigos, fieles, discípulos y apóstoles continúan enseñándolo en nuevas reencarnaciones físicas, avivándole la memoria y asegurándole la existencia a través del inmortal recuerdo del espíritu. El perfil del Jesús histórico es dudoso, porque tendríamos que ayudarnos con los precarios registros de los hombres, en base a un mundo sometido continuamente a las catástrofes, guerras y luchas que deforman, truncan y destruyen vestigios, reliquias y datos concernientes a cada época. Pero, es innecesario, porque su vida y obra quedaron grabadas en el alma de la humanidad, reactivándose con más nitidez a medida que transcurre el tiempo, pues el mismo Maestro en una perfecta visión del temperamento variable de los hombres, exclamó: “Pasará el Cielo y la Tierra, pero mis Palabras no Pasarán”.
Pregunta: Sin embargo, hay muchos que dicen, que Jesús lo único que hizo fue servirse de las enseñanzas aportadas por Confucio, Krisnha, Zoroastro y Buda. ¿Qué opináis?
Ramatís: Volvemos, una vez más a deciros, que la humanidad siempre fue visitada por Espíritus orientadores, ni bien tuvo sensibilidad y fue capaz de recibir los nuevos mensajes, aunque no fuera capaz de comprenderlos íntimamente en su sentido espiritual. Lo Alto siempre transmitió hacia la tierra, antes de Jesús, la misma índole de esclarecimientos y liberación espiritual para los hombres. Los conceptos predicados por el divino Amigo, recomendándonos el “amaos los unos a los otros” y “haced a los otros lo quisierais que os hagan”, habían sido enseñados anteriormente en la Lemuria, Atlántida, Caldea, Fenicia, Egipto, Grecia y en la India, por medio de misioneros como fueron Numú, Antulio, Anfión, Rama, Hermes, Krisnha, Buda, Confucio, Zoroastro, Orfeo, Pitágoras, Sócrates y otros, mientras que en la era actual fue pregonado por elevados Instructores como Rama-krisnha, Maharshi, Ghandi y Allan Kardec.
Por esa causa, Jesús no pregonó una doctrina originariamente desconocida, pero en su misión redentora debía limpiar las viejas doctrinas de sus vicios e incongruencias, avivándoles la esencia adormecida y el sentido liberador petrificado bajo la liturgia pagana, las interpolaciones deformantes en base al interés religioso. Sin embargo, aun hoy se vuelven a repetir los mismos vicios de antaño, pues la Verdad realzada por Jesús se halla nuevamente asfixiada por los dogmas supuestamente infalibles y por los melodramas aparatosos sobre la pasión y la crucifixión. La sencillez y pureza iniciática del Cristianismo se encuentran petrificadas por las prácticas litúrgicas modernas, que además de ser exhaustivas e inútiles terminan por anular la figura del Maestro ante una fantasía circense. Cuando el creyente vibraba y sentía las enseñanzas liberadoras de Jesús, se hallaba agotado por el largo peregrinaje entre símbolos, dogmas y misterios religiosos; así como el viajero que desfallece ante la fuente de agua cristalina, por estar agotado al tener que desplazar los obstáculos, colocados adrede por el hombre.
Pregunta: Aunque nosotros concordemos en vuestros decires sobre la verdad del Maestro Jesús, que llegó hasta nuestros días por la tradición espiritual; sin embargo, ¿cómo fue posible, alcanzar esa meta a pesar de tantos sofismas, interpolaciones y fantasías que los hombres introdujeron en sus enseñanzas?
Ramatís: En verdad, el sacerdocio organizado ha hecho del Hombre Luz un personaje irreal, cuya figura es retocada continuamente en cada concilio sacerdotal, mezclando la realidad con la fantasía y la lógica con la aberración. Mientras tanto, no tengáis la menor duda, que el tiempo del reajuste tan deseado ya se aproxima, y muy pronto tendréis conocimientos dé la fuerza original que encierra la obra de Jesús, pues es bueno resaltar, que habiendo sido un Ángel descendido de lo Alto, vivió una vida coherente y conforme a las leyes del mundo.
El Jesús que hoy es adorado por las religiones terrenas no es el mismo Jesús que respiró el oxígeno de la tierra; es una fantasía imposible de ser conceptuada entre las mismas contradicciones. El protestantismo, que pretendió revivir la sencillez del Maestro, acondicionándole algo de humano, también se asustó ante el miedo al sacrilegio y prefirió dejarlo envuelto en el velo de la fantasía milagrosa. La reforma de Lutero, rebelándose contra los dogmas seculares y el fausto sacerdotal, que ironizaban la pobreza del Maestro Nazareno, desgraciadamente eligió la implacable para derribar posibles dudas e innovaciones. El pensamiento dinámico y evolutivo de los protestantes se paralizó, regresando rápidamente hacia el fuerte de la Biblia -que aún lo reconocemos como libro que contiene revelaciones útiles- pero que no puede sustituir la libertad de pensar. Ese libro, apenas ayuda a razonar sobre la Verdad Divina. A nuestra forma de ver las cosas, con esas religiones imperantes, sólo hubo un cambio de autoridad envejecida por otras más nuevas; pero en forma alguna se solucionó el problema de desvestir a Jesús de la aparatosidad pagana y de su aura de mago de feria. Mientras tanto, los sofismas, tronchamientos, interpolaciones y la desnaturalización de ciertos pasajes sobre la vida del Maestro Jesús, no consiguió oscurecer su trayectoria desde la Palestina hasta nuestros días, porque su rúbrica fue el sacrificio sangriento de la cruz y su investidura espiritual la demarcó por su Infinito Amor hacia la Humanidad.
Ramatís
Psicografiada por: Dr. Hercilio Maes
PARA LA ETERNIDAD SOLO TE VALDRAN LOS MINUTOS Q LLEVAN LA MARCA DE DIOS !!
bueno esto no es lo ke buskaba si no las parabolas ke jesus uso para enseñar ala gente