Recordando a Allan Kardec
André Luiz
En la noche del 31 de marzo de 1955, en la parte final de nuestras tareas, la instrumentación mediúmnica fue ocupada por el Espíritu Leopoldo Cirne, el gran paladín del Espiritismo en Brasil, que, con fervoroso entusiasmo, exaltó la imperecedera figura del Codificador de nuestra Doctrina.
Recordando a Allan Kardec, Cirne nos invita, a todos nosotros que integramos la comunidad espirita, al estudio metódico de las obras kardecianas, que sintetizan la guía de las verdades eternas.
Amigos míos, sea con nosotros la paz del Señor Jesús.
Celebrando hoy la colectividad espirita el octogésimo sexto cumpleaños de la desencarnación de Allan Kardec, será justo elevar un pensamiento de cariño y gratitud, en homenaje al Codificador de nuestra Doctrina, cuyo apostolado nos religó al Cristianismo simple y puro, descubriendo amplios rumbos al progreso de la Humanidad.
Recordando su memoria, no reflexionamos sólo en la piqueta renovadora que su obra representa en la desintegración de los quistes dogmáticos que se habían formado en el mundo por los absurdos afirmativos de la religión y por los absurdos negativos de la ciencia, sino también, en la luz de esperanza que su ministerio viene constituyendo hace casi un siglo para millones de almas que vagaban perdidas en las tinieblas del materialismo, entre el desánimo y la desesperación.
El Espiritismo marcha victoriosamente en la Tierra, trazando normas evolutivas y colaborando, por ello, en la edificación del mundo nuevo; sin embargo, en las elevadas realizaciones con que se adorna, particularmente en nuestro vasto sector de acción en Brasil, es imperioso no olvidar al apóstol que, muchas veces, entre la hostilidad y la incomprensión, luchó y se sacrificó para ser fiel a su augusto destino.
Saludando su misión venerable, pedimos la venia para sugerir, por mediación vuestra, a todos los cultivadores de nuestro ideal localizados en nuestras múltiples asociaciones doctrinarias, la creación de núcleos de estudio de las lecciones básicas de la Codificación, con el aprovechamiento de los compañeros más entusiastas, sinceros y responsables en nuestro movimiento libertador, a fin de que las actividades tumultuarias, sea en la composición del proselitismo o en socorro a las necesidades populares, no sofoquen la voz clara y orientadora del principio.
A ochenta y seis kilómetros de distancia, más allá del nacimiento, la fuente estará inevitablemente contaminada por los elementos extraños que se agregan a su cuerpo móvil.
No nos descuidemos, así, de la corriente cristalina del manantial de nuestras directrices, instituyendo cursos de análisis y meditación de los libros kardecianos para todos los aprendices de buena voluntad.
Estudiemos y trabajemos, armémonos e instruyámonos, para mejorarnos a nosotros mismos y para erguir la vida que vibra, soberana, junto a nosotros.
La obra gloriosa del Codificador trajo, como sagrado objetivo, la recuperación del amor y de la sabiduría, de la fraternidad y de la justicia, del orden y del trabajo entre los hombres, para la redención del mundo.
No olvidemos, pues, su salvadora luz y, encendiéndola en nuestro propio espíritu, repitamos reconocidamente:
— ¡Salve, Allan Kardec!
Leopoldo Cirne
Instrucciones Psicofónicas
FRANCISCO CÂNDIDO XAVIER Dictado
por Diversos Espíritus
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