Una operación sin anestesia
Un hacendado y rico y poderoso llamó con desesperación a nuestro hermano Antonio Francisco, quien pasaba en ese momento, a caballo, por los caminos de la estancia. Le explicó que se trataba de un caso muy grave que sólo podía ser resuelto en ese momento y en ese lugar, con la mayor urgencia.
Un indo, trabajador de su estancia, tenía el pie atravesado por una cuña enorme de madera. Ardía de fiebre y sudaba de dolor.
Antonio Francisco llevaba en su maletín de mano solamente algunas gasas, algodón, yodo y ampollas de agua destilada. Ninguna inyección antitetánica, ninguna pinza, solamente un bisturí que no tenía filo.
Entró en una de las habitaciones de la enorme casa y allí estaba el indio gimiendo, acostado en una estera con la enorme cuña clavada en el pie. Ese horrible gancho entraba por la suela del pie derecho y llegaba hasta el tobillo, sin dejar ningún apoyo para poder intentar arrancarlo. Le resultaría imposible hacer la operación, con los pobres elementos que tenía, sin dolor y con éxito….imaginaba, si llegaba a morir el pobre indio…Oró, pidió al querido Dr. Bezerra de Menezes, en nombre de Jesús, de la Virgen María y de Dios, que la ayudasen en ese momento tan grave.
Y vino la inspiración. Comenzó a actuar. Llenó la jeringa con agua destilada, afirmando, para que todos, inclusive el indio, lo oyesen, que esa era una inyección de analgésico. Dio la inyección y comenzó a operar con ese bisturí sin filo…
Actuaba como si una fuerza extrañaba lo comandase. El enfermo paró de gemir, no sentía el bisturí entrando en la carne, buscando el gancho. Era admirable, emocionante. Durante dos horas Antonio Francisco operó auxiliado por el Espíritu del querido Dr. Bezerra de Menezes. Consiguió sacar la enorme cuña, haciendo una gran abertura en el pie del indio, que nada sentía, inundó de yodo la brecha, envolvió el pie con gasas y dio por concluido el servicio, diciendo:
- Mañana estará usted bien, si Dios quiere.
- si Dios quiere – repitió el indio – Doctor, no sentí ningún dolor, ¡su inyección fue realmente milagrosa!
Nuestro amigo Salió del cuarto preocupado, si llegase a empeorar…
Al día siguiente, fue a verlo y encontró el pie sin, fiebre, y deshinchado. Después de unos días, el herido volvió al trabajo. No tenia nada. Estaba totalmente curado.
¡Gracias a Dios! ¡Bendito sea nuestro querido Bezerra, el médico de los pobres!
Del Libro “Lindos casos de Becerra de Menezes”,
De Ramiro Gama. – Librería Allan Kardec,
San Paulo, Brasil. 13° edición, 1998.
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