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¿Existe amor en los animales?

Domingo, 8 de agosto de 2010 Dejar un comentario Ir a comentarios

Artículo de Nelson Moraes

Materia publicada en la Revista Internacional de Espiritismo del mes de marzo del 2005.

El mundo parece volver su atención para los animales dándole la debida importancia que merecen. Científicos de varias regiones del planeta se empeñan en desvelar los secretos que envuelven A los seres llamados inferiores de la naturaleza. Hechos y acontecimientos registrados a lo largo de numerosas investigaciones revelan actitudes y comportamientos sorprendentes en el reino animal.

¿Cómo evaluar los sentimientos de esos seres maravillosos? ¿Serán sentimientos semejantes a los de los humanos?

¿Cómo explicar los celos, la depresión y otros disturbios de comportamiento presente en algunas especies animales?

Asistiendo al canal Discovery, acompañé una investigación realizada por una científica americana, cuyo nombre no recuerdo, la cual acompañó un grupo de chimpancés durante algunos años, registrando el comportamiento colectivo e individual de sus componentes. Lo que más me impresionó fue el caso de una madre chimpancé y de su bebé que reveló desde edad tierna un” amor” obsesivo por ella. Ese sentimiento lo dominó hasta tal punto que, en el momento en que su madre quedó nuevamente preñada y, obedeciendo al instinto, inició el proceso natural de distanciamiento echándolo de su convivencia y de su dependencia, demostró una reacción diferente de los otros chimpancés de su edad: rehusó distanciarse de su madre.

Para el chimpancé madre, ese comportamiento se volvió un gran problema, pues asediada durante el día por el hijo, acabó teniendo dificultades en el desenvolvimiento del embarazo dejando de alimentarse con lo necesario para suplir sus necesidades que ahora eran mayores en función de su estado. Consecuentemente, esto acabó comprometiendo su salud. Pero, aun así consiguió parir un nuevo hijo.

El asedio del hijo obcecado por ella demostraba la manifestación de celos, dificultando el trato del recién nacido, acabando por provocarle la muerte prematura. El chimpancé abatido en su salud no resistió y murió al margen de un riachuelo. Su hijo apasionado se acostó a su lado y, con la cabeza apoyada en su barriga, pasó a acariciarla, entrando en una profunda depresión y allí mismo murió demostrando que no conseguiría vivir sin ella.

En este caso, ¿podemos considerar que el joven chimpancé vivió un intenso amor por su madre?

¿No sería una excesiva dependencia? ¿Tal vez un descontrol del instinto? Pero el instinto no falla, entonces ¿cómo juzgar o analizar tal comportamiento?

Disponiendo apenas de las leyes naturales muy bien delineadas científicamente cuando trata de la evolución biológica, es difícil sopesar el psiquismo de las especies animales, pueden, cuando estamos informados sobre las leyes de la evolución espiritual del principio inteligente, delineadas en la Codificación Espirita, esto nos permite una evaluación un tanto más juiciosa sobre el asunto.

Gracias a este conocimiento, pasamos a comprender que todos los seres tuvieron el mismo origen espiritual. O sea, fueron emanados del Creador en su condición de Principios Inteligentes inmateriales y que, imantados al proceso irreversible de la evolución, se unen a las especies coincidentes con sus condiciones evolutivas estacionando en todos los reinos de la naturaleza hasta culminar en el ser humano.

Esto, es evidentemente igual que en los reinos inferiores, observamos que existe una jerarquía entre las especies donde reconocemos fácilmente los primates como superiores a las otras especies. Poder determinar una escala o reconocer el encadenamiento entre ellas sería muy difícil, pues vemos en algunas aves, ciertos rasgos de inteligencia registrados hoy por la ciencia, como es el caso de las palomas y de los papagayos, pero, aun así, tenemos que considerar que los primates están más próximos de volverse seres humanos que cualquier otra especie, inclusive por la constitución genética.

Siendo la especie superior entre los seres inferiores. Es evidente que el psiquismo demostrado en las investigaciones científicas, revelan un ensayo de las emociones humanas que en el futuro irán a desenvolver o migrar para la especie humana primitiva de algún planeta.

Afirmar que el hijo del chimpancé extremamente apasionado por su madre, vivió el amor, de forma como en los humanos entendemos ese sentimiento, sería una afirmación sin respaldo científico, pero, analizando el hecho con vistas a los conceptos espiritas, podemos tener una comprensión mayor de los sentimientos que envolvieron nuestro chimpancé “amoroso”.

Veamos lo que dicen los espíritus que orientaron a Kardec en la pregunta 890 de El Libro de los Espíritus, en el capítulo Amor materno y filial:

890. ¿El amor maternal es una virtud, o un sentimiento instintivo común a los hombres y a los animales?

«Lo uno y lo otro. La naturaleza ha dado a la madre el amor a sus hijos con la mira de la conservación de éstos: pero semejante amor en los animales está limitado a las necesidades materiales. Cesa cuando los cuidados son inútiles. En el hombre dura toda la vida, y es susceptible de un desinterés y de una abnegación que constituyen la virtud. Sobrevive hasta la muerte, y sigue al hijo hasta más allá de la tumba. Ya veis, pues, que hay en él algo más que en el animal».

Según esta orientación, existe un amor instintivo en los animales limitado a las necesidades materiales, pero el amor que observamos en el hijo del chimpancé superó esos límites. El no pedía de la madre el trato, sino el afecto, pues ya no dependida más de ella para alimentarse, se alimentaba solo como cualquier otro chimpancé de su edad.

¿En este caso, habría ocurrido un perfeccionamiento de su amor instintivo?

Una cosa es cierta, aun tenemos mucho que aprender sobre nosotros mismo y los animales.

La inteligencia clamor en los animales domésticos.

En el libro la Génesis, en el capítulo “El instinto y la Inteligencia”, dice lo siguiente:

“El animal carnívoro llevado por el instinto se alimentase de carne, pero las precauciones que toma para atrapar a la prensa varían según las circunstancias. Su previsión ante las eventualidades es un acto inteligente.”

Hoy la visión de la ciencia está plenamente de acuerdo con esa información de los espíritus, realmente existe en muchas especies una acentuada presencia de inteligencia manifiesta en las actitudes de ciertos animales. Esa realidad es comprobada cuando un animal asume una actitud inteligente que no le fue enseñada.

Esa inteligencia rudimentaria es ese amor instintivo dilatados que han sido registrados con frecuencia principalmente en la convivencia del hombre con el animal domestico, son relatos interesantes de personas que vivieron experiencias inusitadas con sus mascotas de afecto.

Lo que observamos en esa relación hombre animal, es que el de animales acaba absorbiendo el psiquismo del dueño, principalmente el perro tiende a asumir un comportamiento semejante al del niño cuando intenta imitar al padre o a la madre.

Dueño nervioso: perro nervioso, dueño amoroso; perro amoroso, el poder de asimilación por parte del animal es muy grande. Cuando el dueño está triste el perro también demostrará tristeza, ese fenómeno es natural, el instinto les cobra una adaptación al ambiente y a las personas en base a sus necesidades materiales que son suprimidas por el dueño.

Se observa entonces que los espíritus están en lo cierto al afirmar que el amor en los animales, es general, e instintivo y existe en función de las necesidades materiales para la supervivencia.

Pero, ¿cómo explicar algunos casos donde ese amor se extralimitó, demostrando un afecto perenne que los años no consiguió destruir?

Cuando yo contaba mis quince años de vida, un día, mi madre y yo, volviendo del Centro Espirita que frecuentábamos, fuimos seguidos por un perro delgado y con sarna, intentamos echarlo, pero él continuó siguiéndonos y de vez en cuando miraba para mí con un semblante que revelaba el dolor y la desesperación, convencí a mi madre y lo recogimos en nuestra casa.

Tratamos sus heridas y los alimentos hasta que se recuperó. Después del tratamiento, se reveló un bello perro mestizo de raza collie, lo bautizamos como Rex, se quedó en nuestra casa durante un año y tuvimos que dárselo a un amigo.

Pasados cincos años, estábamos mi madre y yo de compras en la feria, a lo lejos oímos un ladrido que nos era familiar, para nuestra sorpresa vimos Rex preso a la correa del dueño esforzándose para venir en nuestra dirección. ¿Sería que aun se acordaba de nosotros? Grande fue nuestra sorpresa y alegría cuando llegó hasta nosotros lloriqueando, yo me agaché y lo abracé y el comenzó a lamer mi rostro y después lamió los pies de mi madre y, después de esa manifestación de cariño y afecto, el nuevo dueño apenas conseguía alejarse, pues Rex luchaba por permanecer con nosotros, pero acabó partiendo arrastrado por su dueño y lloriqueando todo el tiempo.

Entonces yo me pregunto: ¿Ese amor aun existirá?

Yo me acuerdo emocionado y con un cierto amor por Rex y por otros perros que yo tuve, pero ¿y él, Rex? ¿Dónde estará? ¿Tendrá aun amor por mí y por mi madre? Es lógico que no, probablemente debe estar reencarnado en un chimpancé, un delfín, o quien sabe, en otro perro que ahora disfrutará del amor de otras personas. Lo importante es saber que el principio inteligente que animó a Rex continúa su marcha evolutiva en dirección a Dios.

El amor que nutrimos por los seres humanos y por los animales no puede jamás traspasar la raya del buen sentido y del equilibrio, no llevándonos a las exageraciones que transforman ese amor en un amor posesivo y deprimente causando más mal que bien al objeto de nuestro amor y afecto.

Nelson Moraes

Grupo Espirita el Amor en Acción-España

Isabel Gonsalez

Repito: Aun tenemos mucho que aprender sobre nosotros mismo y sobre los animales.

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